Las épocas de vacaciones y celebración, como la Semana Santa o como también sucede en Navidad, en las que buena parte de las tradiciones giran en torno a la gastronomía pueden suponer un dilema para quienes enfocan la alimentación desde la disyuntiva de elegir entre “disfrutar o “portarse bien”, sobre todo, en el caso de aquellos que viven “en lucha contra la báscula”, según señala Cristina Petratti, especialista en Obesidad y Nutrición, experta en couching nutricional, que forma parte de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO).
En la sociedad actual, aún persisten mensajes que asocian la alimentación con culpa y castigo, y la salud con prohibiciones y sacrificios, recuerda esta experta, quien señala, no obstante, que frente a esto “la evidencia científica nos muestra que el equilibrio es más importante que la perfección, y que los hábitos sostenibles a largo plazo son los que realmente generan bienestar”.
Y Petratti recuerda que en el campo de la nutrición la clave está en que las elecciones y las decisiones lo sean “a largo plazo” y con un enfoque decidido “en lo que queremos para nuestra salud”. María José Cachafeiro, farmacéutica cotitular en Farmacia La Pomar, en Asturias, nutricionista y divulgadora, y autora del libro Rejuvenece comiendo (Hestia), recuerda que “promover una buena alimentación no es hablar de peso. Es hablar de salud, de energía, de bienestar y de calidad de vida” y que lo que ponemos en el plato puede ser “el mejor aliado para vivir más… y mejor”.
Cachafeiro recuerda que la Semana Santa, como periodo vacacional y festivo es una época para disfrutar de la gastronomía, en general, y de los dulces tradicionales de estos días, en particular, y que esto también se puede lograr con cabeza. Las claves, según explica, son:
Elegir los dulces típicos que realmente te gustan, no comer por inercia.
Acompañarlos de comidas más ligeras.
Equilibrar, no compensar.
No hacer ayunos radicales para ganarse la torrija.
Con estas premisas, Cristina Petratti, aporta unos consejos básicos para transformar la idea de los pecados capitales en principios científicos y empáticos que permitan vivir la Semana Santa con disfrute, sin miedo y sin que el bienestar se convierta en una preocupación que cause culpa, disconfort y más estrés, “sobre todo en aquellas personas que tienen obesidad o una predisposición alta a ganar peso durante periodos vacacionales, más aún en unas fechas donde no faltan los dulces típicos y las comidas tradicionales copiosas”.
1. De la gula a la escucha corporal: el placer también es parte de la salud
Comer con placer no es un error ni una falta de control. La alimentación tiene un componente social, emocional y cultural que va más allá de las calorías. La clave no está en privarse, sino en encontrar un punto de satisfacción sin incomodidad, escuchando lo que nuestro cuerpo realmente necesita, explica Petratti.
2. De la pereza al movimiento que nutre el cuerpo y la mente
El movimiento no es una obligación ni una herramienta para “compensar” lo que comemos. “La ciencia nos dice que el cuerpo humano está diseñado para moverse, pero no desde la exigencia, sino desde el bienestar. Dar paseos después de comer, bailar, jugar o simplemente estirarnos son formas amables de cuidar nuestra energía sin presión ni autoexigencia”.
3. De la lujuria (sobre todo por el azúcar) a la flexibilidad consciente
No hay alimentos prohibidos, recalca Petratti. La evidencia ha demostrado que demonizar ciertos alimentos solo genera más ansiedad y una relación poco saludable con la comida. En lugar de pensar en “no puedo comer esto”, podemos preguntarnos: ¿Cómo quiero disfrutarlo? ¿Qué me hace sentir bien?
4. De la avaricia al disfrute sin prisa
No es la última vez que vamos a comer ciertos alimentos. Comer con ansiedad, por miedo a que algo “se acabe”, solo nos aleja del disfrute real. La alimentación consciente ayuda a recordar que podemos saborear cada bocado sin apurarnos, sin culpa y sin la sensación de tener que aprovecharlo todo en un solo momento.
5. De la ira contra la báscula a la amabilidad con nuestro proceso
La salud no se mide en un número ni se define en un solo día. No necesitamos compensar ni castigarnos por lo que comemos. Lo importante es volver a los hábitos que nos hacen sentir bien, desde el autocuidado y no desde el castigo, recalca esta especialista en Obesidad y Nutrición.
6. De la envidia a la conexión con nuestro cuerpo único
Cada persona tiene una historia, un metabolismo y un contexto de vida diferente. Compararnos con otros nos aleja de nuestra propia realidad. Escuchar lo que necesitamos, sin presionarnos por encajar en un molde ajeno, es un acto de respeto hacia nosotros mismos.
7. De la soberbia de “por unos días no pasa nada” a la responsabilidad amorosa
Cuidarnos no significa prohibirnos, pero tampoco desconectarnos por completo. La ciencia evidencia que el cuerpo agradece más la constancia que la perfección. Si disfrutamos más de la cuenta un día, podemos compensarlo con más hidratación, más movimiento y elecciones que nos hagan sentir bien, sin castigo ni culpa.
Salud y bienestar sin culpa ni presión
En definitiva, como concluye la doctora Petratti, “la Semana Santa no debería ser una batalla entre el disfrute y la restricción. El bienestar no es blanco o negro, no se trata de hacer todo perfecto ni de dar rienda suelta sin medida a hábitos alimenticios perjudiciales. La salud es un proceso, no una lista de reglas”.
Lo más importante, como reconoce esta experta, “es encontrar el punto de equilibrio donde podamos celebrar, compartir y disfrutar sin miedo ni culpa, sabiendo que el cuidado personal no es una exigencia, sino un acto de amor propio”. Y, en concreto, en esta fechas vacacionales, “no es cuestión de prohibiciones ni castigos, sino de tomar decisiones de salud conscientes y sostenibles”.