28 febrero, 2024
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¿cómo ayudan las redes sociales?


Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid y otras instituciones han difundido un manifiesto en el que reclaman la puesta en marcha de un plan nacional “con unos objetivos de prevención y sensibilización para la reducción de esta lacra, y cuyo objetivo final es la erradicación de este problema”.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística permiten hacerse una idea de la dimensión de este drama: en 2021 se produjeron más de 4.000 muertes por suicidio, lo que supone 11 personas al día. Se trata de un fenómeno multifactorial que requiere la contribución desde distintos estamentos segmentos sociales.

Acción y esperanza frente al suicidio

José Antonio Luengo, decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, cree que el lema de la Organización Mundial de la Salud, “creando esperanza a través de la acción”, resume muy bien los conceptos clave y la actitud que hay que adoptar. “La esperanza se contrapone al concepto contrario, que es el de desesperanza, que genera un dolor terrible e insondable, la sensación de que no eres capaz de llegar a nada y que tu vida no tiene sentido”, asevera. La acción se refiere, entre otras cosas, a “dar el paso definitivo para crear sinergias en todas las sociedades que permitan entender que este es un problema de salud pública y que se tiene que trabajar con acciones combinadas, compartidas y coordinadas entre todas las instituciones y sectores de la sociedad”. 
Para entender el origen del suicidio, el psicólogo hace alusión a lo que se conoce como las 3 D: 
Dolor.
 
Desesperanza.
 
Desvinculación.
“La desvinculación se produce tanto desde el punto de vista personal como desde el social”, aclara Luengo. Y se traduce en pérdida de relaciones y desinterés en hacer las cosas que previamente se realizaban con otras personas, entre otras manifestaciones. “Cuando estos tres estados se combinan, la bomba de relojería estalla con mucha facilidad”, argumenta. 

Más allá de la salud mental

El decano del Colegio de la Psicología de Madrid considera crucial desterrar de una vez por todas la creencia de que el suicidio está exclusivamente ligado a la existencia de enfermedades psiquiátricas. “Es un asunto de todos y no solo está relacionado con la salud mental; hay muchas personas que se quitan la vida y otras que piensan en ello y no tienen ninguna enfermedad mental”. Lo que les sucede a la mayoría de ellas es que “están sometidas a dramas terribles muy ligados a los determinantes sociales de la salud y de la salud mental”. Se trata de experiencias de vida marcadas por la falta de recursos y de expectativas. Ejercen una influencia muy poderosa las experiencias adversas en la infancia y la adolescencia, la violencia sexual y el acoso escolar.
Por lo tanto, los servicios de salud mental juegan un papel esencial en la prevención del suicidio, pero también los servicios sociales y los centros educativos. “Tenemos que trabajar en el modelo educativo que trasladamos en nuestras familias, en qué valores ponemos encima de la mesa, qué prioridades, cómo tratamos el conflicto, cómo tratamos la dificultad, cómo nos tratamos entre todos”, alega Luengo. 
La psicología también es muy relevante y, en particular, la que está ligada a la atención primaria y que debería tener una presencia muy superior en la sanidad pública. Muchas personas acuden a su médico de familia y le cuentan que no se encuentran bien en los últimos tiempos, no duermen adecuadamente, tienen ansiedad… “Teniendo en consideración que esos son los gérmenes de la quiebra psicológica, todo lo que hagamos para incorporar atención psicológica en la atención primaria permitirá reducir la franja de población que tiene que acudir a la salud mental especializada”, y contribuirá a abordar precozmente las situaciones que finalmente pueden desembocar en el suicidio. 

Tres niveles de prevención del suicidio

Se pueden establecer tres escalones en la prevención del suicidio, que implican a diferentes colectivos y distintas acciones;

Prevención indicada

La prevención indicada es aquella que se dirige a la intervención con población que tiene ya un riesgo muy elevado. Son personas que han manifestado que quieren quitarse la vida o que lo han intentado. “Evidentemente, aquí tienen un papel fundamental los servicios muy especializados”, afirma el psicólogo.

Prevención intermedia

La prevención intermedia se dedica a trabajar con individuos que tienen un cierto riesgo, pero todavía no es muy evidente o no parece muy consolidado. “Aquí estaríamos hablando de las poblaciones que son más vulnerables: discapacidad, personas mayores, personas sin empleo, adolescencia, mujeres víctimas de violencia…”.

Prevención universal

La prevención universal engloba todas las acciones preventivas enfocadas hacia la población general para sensibilizar, informar y educar. Lo fundamental, según Luengo, no es solo visibilizar el suicidio y hablar sobre él, sino hacerlo de forma adecuada. “Hablar del suicidio salva vidas, pero es muy importante que hablemos bien”. Como ejemplo de lo que no contribuye a solventar el problema, e incluso puede resultar perjudicial, cita aquellas noticias que “aprovechan que una persona se ha quitado la vida y cuentan todos los detalles de cómo se ha producido”. 

Redes sociales ¿perjudiciales?

“Hablar del suicidio significa hacer debates argumentados, salir a los medios de comunicación diciendo que prevenible, que podemos trabajarlo, que se puede generar esperanza en personas que ahora mismo están desesperadas”, subraya Luengo. 
Esto mismo es aplicable a las redes sociales. “El problema que tienen es la dificultad de controlar todo lo que hay en ellas”, indica el experto, quien advierte que en Tik Tok y otras aplicaciones “están apareciendo influencers y toda cada suerte de gurús que suelen ser gente sin ningún tipo de formación ni conocimiento que hablan sobre qué hacer ante determinadas situaciones relacionadas con la salud mental”. Estos mensajes pueden ejercer una influencia deletérea en los adultos y, sobre todo, en los menores.  
En conclusión, las redes sociales pueden resultar de gran ayuda de cara a la prevención del suicidio, pero “con mensajes que hayan sido adecuadamente elaborados, pensados, filtrados y garantizados por parte de organismos internacionales acreditados o en el contexto, por ejemplo, de los planes de prevención que han puesto en marcha las comunidades autónomas”. 

Redes familiares y de amistad

El término de red social se refiere tanto a las aplicaciones virtuales como a las relaciones que las personas establecen a lo largo de su vida. Una red social es, por ejemplo, un grupo de amigos, una familia o los trabajadores de una empresa. Tomando como referencia esta acepción más amplia, llegamos a lo que cada uno de nosotros puede hacer para prevenir el suicidio en su entorno laboral, familiar y de amistades.
“Si entendemos que, en general, la conducta suicida está fundamentada en una experiencia sostenida en el tiempo de dolor, sufrimiento y desvinculación, tenemos que saber detectar bien esos momentos en los que alguien se adentra en el sufrimiento psicológico, se siente quebrado, emocionalmente tocado, empieza a cambiar su vida y empiezan a modificarse de manera sustancial sus rutinas”, explica Luengo.
Asimismo, en el ámbito familiar recomienda generar, en la medida de lo posible, un ambiente en el que “se sustancie la confianza, el diálogo y la conversación” desde que los niños son pequeños. Y en cuanto a la relación con los adolescentes, cree que, en vez de “dar lecciones permanentemente a nuestros hijos, es fundamental que sepan que les podemos escuchar sin juzgarles y que podemos, incluso, comprender sus malos momentos”. 
Esta actitud también es aplicable a las relaciones entre adultos. Las personas que se encuentran en una situación especialmente difícil precisan que les escuchen y acompañen sin juzgarles. “Necesitan sentirse comprendidas y queridas”.

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