28 febrero, 2024
El tiempo - Tutiempo.net

Cómo saber si mi bebé llora por gases o cólicos y qué hacer


El bebé llora. Es su forma de expresarse cuando tiene alguna necesidad. Puede ser que tenga hambre pero también que el motivo sean los gases o los denominados cólicos del lactante. Los expertos consultados por CuídatePlus aseguran que no existen recetas infalibles para combatirlos y aportan algunas recomendaciones avisando de que estamos en un terreno donde no existen respuestas categóricas.
En general, cuando se trata de un bebé sano, que gana peso, se queda tranquilo tras comer y tiene el pañal limpio, los gases o los cólicos son un motivo probable del llanto. “Algunas señales son que su cuerpo se pone tenso, cierra los puños, tiene el abdomen duro, estira y recoge las piernas o busca el pecho porque le calma pero después lo rechaza”, explica Alba Sánchez Ansede, enfermera especialista en Pediatría y asesora de lactancia en el Área Sanitaria de A Coruña-Cee. 

Posibles causas del llanto por gases o cólicos

A diferencia de los gases, los cólicos suelen suceder a la misma hora, por un tiempo determinado y después el bebé se queda profundamente dormido. Pero ambos trastornos están muy relacionados, según José Manuel Moreno Villares, pediatra especializado en gastroenterología infantil de la Clínica Universidad de Navarra (CUN): “De hecho, una de las causas del cólico son los gases”. El pediatra apuesta por un conjunto de circunstancias cuando habla de su origen: “Una es la inmadurez del aparato digestivo, que sabemos que es transitoria y no es grave, y otra causa es que algunos niños tienden a producir más gases, no sabemos el motivo, pero sus bacterias intestinales dan más gases”.
Los dos expertos coinciden en que una mala succión cuando el niño mama o toma el biberón es otra razón porque traga más aire. “Una mala técnica de alimentación puede provocar gases primero y, si se mantiene en el tiempo, el cólico del lactante”, señala Sánchez. Esta enfermera especializada en pediatría comenta, además, que la leche de fórmula produce más gases y que no se debe sobrealimentar al niño; algunos padres siguen creyendo que la madre puede no disponer de suficiente leche y, tras el pecho, ofrecen un complemento. Es el niño quien produce la leche que necesita al succionar y no necesita nada más.
Tanto el llanto por gases como por cólicos puede llegar a desesperar a los padres y esto precisamente es lo que se tiene que evitar. “El entorno puede agravar el cuadro”, asevera la asesora en lactancia del área sanitaria coruñesa. “Unos padres inquietos y preocupados por el llanto generan intranquilidad en el bebé, tienen que convencerse de que es un proceso transitorio que no reviste gravedad”, añade Moreno.

Pautas para calmar a un bebé que llora

Por lo tanto, lo primero y primordial es intentar no perder los nervios, mantener nuestro hogar en calma y, ante la ausencia de medidas que aseguren una solución rotunda, acompañar a nuestro bebé en esos momentos, utilizando las palabras de Sánchez, “piel con piel”. El contacto físico es esencial, pero muy importante también es que la respuesta sea rápida porque el llanto agrava el problema: “Cuanto más llora el niño, más gases coge”, previene el pediatra de la CUN, quien sostiene que los remedios clásicos “siguen valiendo”.
Coger al niño en brazos para que se relaje, mecerlo, hablarle, cantarle, acariciarlo, todo lo que sea transmitirle calma es positivo. Un masaje en la tripita, flexionarle las piernas sobre el abdomen y ponerlo en posición prona (boca abajo sobre el regazo o el brazo de alguno de los padres), pueden aliviar esta sintomatología. Incluso se puede recurrir a un baño relajante o a sacar a nuestro pequeño de paseo. 
Los ruidos blancos, que son sonidos suaves como el de las olas del mar o del aire de forma mantenida, o las luces tenues contribuyen a que el entorno esté en calma y, por tanto, son una ayuda a tener en cuenta.

No obsesionarse con los eructos

Moreno aconseja facilitar el eructo del bebé, haciendo una pausa cuando come e incorporándolo y dándole unas palmaditas muy suaves en la espalda, aunque tampoco hay que insistir demasiado: “Si eructa, bien, pero no nos obsesionemos”. Sánchez matiza que el niño puede eructar solo y que no debemos ponerlo a eructar si la succión es correcta, ha terminado de comer, queda satisfecho y se duerme: “Hay que respetar su descanso. Otra cosa es si detectamos que ha tragado aire”.
En cuanto a una medicación que alivie estos trastornos, se puede recurrir, en primer término, a los probióticos, pero siempre cuando son recomendados por el pediatra, aunque se puedan adquirir sin receta médica. “Sabiendo que no tienen efectos secundarios y son bien tolerados, se pueden dar probióticos, en función de la intensidad del problema y de la tranquilidad de los padres”, explica Moreno Villares.
El pediatra señala que en algunos casos concretos, cuando no funciona lo demás, se sigue utilizando simeticona (Aero-red), bajo indicación y prescripción facultativas.

Fuente

Comparte esta noticia:

Otras noticias:

Noticias relacionadas