29 febrero, 2024
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¿Conoces el síndrome de suspensión? Así lo puedes prevenir


El denominado síndrome de suspensión -o trauma por suspensión- es poco conocido entre la población, pero no resulta novedoso para los médicos de urgencias. Aunque no hay datos oficiales, en los últimos tiempos se podría estar produciendo un repunte de casos por el auge de la escalada recreativa y los deportes de aventura, así como por el creciente número de trabajos verticales. Antes se denominaba también síndrome del arnés, pero designarlo así puede conducir a equívocos porque se ha comprobado que no está tan relacionado con la forma de sujeción como con la postura (vertical o semivertical y en suspensión) y el tiempo de permanencia.
“Está documentado que los primeros síndromes por suspensión se produjeron en los crucificados en la época de los romanos”, apunta Manuel Pons, coordinador del Grupo de Trabajo de Emergencias en Montaña de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes). En la actualidad hay, asimismo, ejemplos más allá del terreno laboral y deportivo. El médico especialista en rescate en montaña Íñigo Soteras es el primer firmante de un artículo publicado hace unos años en la revista Medicina Intensiva, en el que se presentó el caso de una monitora de tiempo libre que participaba en una obra de teatro nocturna en la que debía permanecer colgada de un árbol mediante un arnés de pecho e inmóvil. Al finalizar la representación, un compañero se percató que estaba inconsciente. Fue trasladada a un centro sanitario de forma urgente, pero empeoró y falleció a los pocos días. El informe médico-forense apuntó el trauma por suspensión o asfixia posicional accidental como causa del fallecimiento.

Cómo se produce este síndrome

El mecanismo que está detrás del síndrome de suspensión es, en palabras de Pons, “muy complejo de explicar desde el punto de vista científico”, pero se puede resumir en términos sencillos en que se produce “un secuestro de la circulación central”. Lo que sucede es que, cuando una persona permanece suspendida en el aire en posición vertical, “se acumula sangre en las piernas que no puede retornar ni al corazón ni al cerebro”. El resultado de esa falta de sangre en el cerebro es el síncope o mareo. 
El mareo acaba desembocando en una pérdida de conocimiento, que puede revertirse fácilmente en los primeros instantes pasando de la posición suspendida a tumbada. De este modo, “la circulación sanguínea ya no va a tener que luchar contra la gravedad al ir desde las piernas hacia la cabeza”. En cambio, si el afectado permanece suspendido, el cerebro va a estar sin aporte de circulación sanguínea -es decir, sin perfusión- más tiempo. “Al final se van agravando los problemas que ocasiona”, resalta el médico de emergencias. “Obviamente, es una entidad potencialmente mortal”.
Este síndrome puede ser más o menos grave en función la patología previa del paciente y también influyen otras variables, cómo puede ser el frío, que ejerce un cierto efecto protector. “Cuando hace frío, se produce una constricción, es decir, las venas se contraen, y de esta manera hay menos riesgo de sufrir el síndrome de suspensión”, confirma Pons.
Normalmente, si se pasa a posición horizontal pronto no quedan secuelas. Sin embargo, si se produce una parada cardiorrespiratoria y se logra evitar el fallecimiento, tras la reanimación puede haber secuelas neurológicas. “Depende de cuánto tiempo haya estado el cerebro en hipoxia (con falta de oxígeno)”.

Signos de alarma del síndrome por suspensión

El experto señala que los signos de alarma que pueden hacernos sospechar de este problema se pueden resumir en uno solo: el mareo. “El mareo ya es un signo de alerta que indica que hay que descolgar inmediatamente a la persona”, subraya Pons. “Es como el típico mareo o síncope que popularmente se achaca a una bajada de tensión. Los síntomas son parecidos”.
Otras manifestaciones pueden ser la sensación de náuseas y la sudoración profusa.

Medidas básicas de prevención y qué hacer ante un caso

Conocer este síndrome es el primer paso para evitarlo. En el ámbito laboral, se recomienda que las empresas que hacen trabajos verticales tengan un buen plan de rescate o autorrescate. En el terreno recreativo, Pons apela a la prudencia: “Es aconsejable hacer actividades en función de nuestras capacidades”. La escalada no está al alcance de todo el mundo; requiere una preparación y una buena forma física. 
Estas son las principales recomendaciones para prevenir el trauma por suspensión y actuar ante los primeros indicios:
Dos mejor que uno. Nunca trabajar, escalar o hacer otras actividades que requieran una suspensión en solitario. La o las personas acompañantes son esenciales para dar el aviso en caso de problemas.  
 
Una vez que alguien que está suspendido en el aire (con o sin arnés) empieza a marearse, es vital que pase a posición horizontal lo antes posible. En caso de no poder bajar inmediatamente, debe ponerse en posición de seguridad: las extremidades contra la pared o contra la fachada del edificio y tirando un poco la espalda para atrás. También se puede intentar llevar las piernas a la altura del abdomen. La idea es, según Pons, “intentar horizontalizarse lo máximo posible dentro de la posición suspendida”.
 
En caso de sospecha, avisar cuanto antes a los servicios de emergencias. Al igual que ocurre con el ictus o el infarto de miocardio, el síndrome de suspensión es una condición tiempo-dependiente: cuanto más tarde se atienda, mayores serán las secuelas y el riesgo de muerte. Algunas guías de actuación sitúan en 9 minutos el tiempo máximo que se puede permanecer suspendido e inmóvil de forma segura, pero es una cifra meramente orientativa. Se pueden dar casos por debajo de esa franja temporal. “Es muy variable porque depende mucho del tipo de arnés, del peso del paciente o de la temperatura exterior, entre otras cosas”. 
 
Cuando alguien trabaja colgado de un arnés o practica la escalada, barranquismo u otros deportes de aventura, es aconsejable mover las piernas e intentar no estar quieto en la misma posición. No obstante, tal y como advierte el médico de emergencias, “todo esto ayuda, pero no evita al 100% que pueda ocurrir”. 

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