16 abril, 2024
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Efectos sobre la conducción y cómo se detecta

Los efectos del cannabis en la conducción son incontestables y el resultado es siempre un mayor riesgo de accidentes de tráfico. Lo único que se puede debatir es cómo afecta fumar porros según la edad, el tipo de consumo (esporádico o habitual) y otros factores individuales. Por eso, la Dirección General de Tráfico ejerce una política de tolerancia cero. “El cannabis es la droga ilegal más consumida en España y, bajo sus efectos, puede llegar a duplicarse la probabilidad de sufrir un accidente”, aseguran desde esta entidad.
A los 30 minutos de fumar cannabis, el impacto en la conducción es evidente y se plasma, entre otras cosas, en una disminución de la velocidad y una mayor tendencia a ir en zigzag. Así lo muestra un estudio publicado en JAMA Network que incluyó a 31 participantes de entre 65 y 79 años. Los autores de esta investigación, encabezada por Patricia Di Ciano, del Centro de Adicción y Salud Mental de Toronto (Canadá), constataron que la habituación a esta droga no supuso ninguna ventaja, ya que incluso los conductores que la consumían con regularidad mostraron evidencias de alteraciones en su forma de conducir.

Peligros del cannabis a la conducción

Los principales riesgos que entraña el cannabis de cara a una conducción segura son, según la DGT, las alteraciones perceptivas y atencionales (distracciones), la lentitud de respuesta, la somnolencia y la falsa sensación subjetiva de seguridad. Estos son los principales efectos que pueden notar los conductores:
Estado de ebriedad.
Relajación excesiva o somnolencia.
Alteración de la percepción del espacio y el tiempo.
Problemas en la visión de los colores.
Reacciones mucho más lentas (disminución de los reflejos y de la capacidad de reacción), especialmente ante situaciones complejas.
Disminución de la coordinación motora.
Falsa sensación de seguridad.
Cualquier estímulo puede atraer la atención poderosamente y suponer una distracción.
Todas estas alteraciones aumentan y pueden resultar mucho más peligrosas si, además de cannabis, se consume alcohol.
Según los últimos datos de la DGT, más de la mitad de los conductores fallecidos en accidentes de tráfico dan positivo en los test de alcoholemia y drogas.

Test de saliva para la detección de drogas

Las pruebas de detección de drogas en conductores se efectúan independientemente de las de alcoholemia o a continuación, cuando los agentes detectan señales de conducción bajo los efectos de alguna sustancia (como problemas de coordinación o dificultades para hablar). También se realizan de forma aleatoria a cualquier conductor y en cualquier carretera.
El test se realiza con una muestra de saliva del conductor, que se recoge en una cápsula especial. Un dispositivo analiza la saliva y detecta la presencia de drogas. Si el resultado es positivo, se toma una segunda muestra que se traslada bajo custodia a un laboratorio. Además, el conductor puede solicitar, si lo desea, una prueba de confirmación en sangre.
Si el laboratorio confirma que el test ha dado positivo, este resultado se utiliza para fijar la sanción al conductor, que es de 1.000 euros y 6 puntos del carnet de conducir. Las sustancias que se utilicen bajo prescripción facultativa y con una finalidad terapéutica quedan excluidas de la prohibición de conducir bajo los efectos de las drogas, que constituye un delito contra la seguridad de tráfico tipificado en el Código Penal.
Además de cannabis, el test de detección de drogas analiza la presencia de anfetaminas, cocaína, metanfetaminas y opiáceos (heroína y fentanilo, entre otros).

Hasta cuándo se puede dar positivo en la prueba

Los métodos actualmente disponibles pueden revelar la presencia de drogas en la saliva en torno a la primera hora tras su consumo. Alguien que ha tomado cannabis puede dar positivo hasta 3 o 4 días después e, incluso, se dan casos de fumadores que siguen dando positivo al cabo de una semana.
España se sitúa entre los países que utilizan niveles de corte más bajos para la detección de drogas en saliva, pero siempre respetando “unos límites de sensibilidad y especificidad adecuados, minimizando el papel de los falsos positivos y negativos”, asegura la DGT. Estos criterios están basados en una revisión exhaustiva de la bibliografía científica refrendada por la Colaboración Cochrane, una entidad de reconocido prestigio internacional.

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