Todo depende de si eres búho o alondra. Es decir, vespertino o matutino. Es decir, de los que aguantan hasta tarde despiertos o de los que madrugan. Para los búhos/vespertinos/noctámbulos, un nuevo estudio tiene algo que decirles, y no precisamente bueno: el riesgo de sufrir depresión es mayor.
Para dar con los porqués de tal conclusión, los autores de la investigación, publicada en la revista Plos One y liderada por el científico Simon L. Evans, analizaron posibles mecanismos por los que la vespertinidad (cronotipo tardío) podía conducir a un mayor riesgo de trastorno depresivo mayor. En concreto, observaron cuatro factores en un total de 546 universitarios de entre 17 y 28 años: la atención plena, la rumiación, el consumo de alcohol y la calidad del sueño.
Antes de continuar, un porqué más, el que busca justificar la franja de edad escogida. Primero, un dato: la alta incidencia de depresión en adultos jóvenes. Más del 60% de los problemas de salud mental se presentan antes de los 25 años. Segundo, una realidad: la preferencia diurna de un individuo tiende a variar a lo largo de la vida. De este modo, “la tendencia a la tardanza alcanza su punto máximo al final de la adolescencia/ principios de la adultez y, por tanto, una gran proporción de personas de entre 17 y 25 años se clasifican típicamente como tipos nocturnos”, señala el estudio, que añade que luego se hace evidente “una tendencia matutina gradual en etapas posteriores de la vida”.
En línea con estudios anteriores, casi la mitad de los participantes se clasificó como cronotipos vespertinos. Estos registraron de manera significativa más síntomas depresivos en comparación con los matutinos e intermedios.
Asimismo, informaron de niveles más altos de rumiación (dar vueltas de forma constante a un pensamiento desagradable o un problema). Según los autores, probablemente esto se deba a que la rumiación suele darse al final del día en lugar de por la mañana: “Dado que los cronotipos vespertinos tienen un ritmo circadiano retrasado y permanecen despiertos hasta más tarde por la noche, les da tiempo adicional para rumiar, lo que potencialmente aumenta su riesgo de sintomatología depresiva”. Por otra parte, los científicos apuntan que los cronotipos matutinos se asocian con niveles más altos de atención plena.
Peor calidad de sueño y mayor consumo de alcohol
Los resultados también indicaron una diferencia notoria en la calidad del sueño entre los distintos cronotipos. Así, las personas nocturnas tuvieron una peor calidad de sueño, tal y como se ha demostrado en estudios previos. De acuerdo con el trabajo, “esto se puede explicar por el jet lag social: dado que el ritmo biológico de los cronotipos nocturnos no está alineado con las rutinas diarias de trabajo/estudio, su calidad de sueño necesariamente se ve afectada y se acumula una deuda de sueño”. En este sentido, continúa, “se ha demostrado que la deuda de sueño, así como la somnolencia diurna, medían la relación entre la vespertinidad y la depresión entre estudiantes universitarios adultos jóvenes”.
En cuanto al consumo de alcohol, es mayor en las personas vespertinas. Y es que, a menudo, las bebidas alcohólicas se toman con más frecuencia en la noche que a primera hora del día. Eso sí, de los participantes nocturnos, sólo un 8,3% afirmó tener un consumo problemático con el alcohol, que es cuando se puede relacionar con estados de ánimo más bajos.
En resumen, “en comparación con los cronotipos matutinos, los vespertinos mostraron niveles significativos más altos de depresión, rumia y consumo de alcohol, así como niveles más bajos de atención plena y peor calidad del sueño”, concluyen los autores.