29 mayo, 2024

Este es el secreto de las personas que viven 100 años


La carrera no es para vivir más. Hace ya tiempo que se cruzó esa línea de meta. Las mejoras en la higiene, la expansión de los antibióticos y el acceso a la vacunación, entre otras muchas causas, ayudaron a conseguirlo. De una esperanza de vida fijada en torno a los 30 años durante siglos se pasó a los 72,8 en 2019, según la División de Población de las Naciones Unidas. Se calcula que esta cifra aumente hasta los 77,2 años en 2050.
Un dato alcista más: el de las personas que superan los 100 años, que alcanzaron el medio millón en el mundo en 2015, más del cuádruple que en 1990. No, el objetivo no es ya vivir más, sino vivir más y mejor. Longevos y felices. 
El envejecimiento saludable ha sido un tema de interés de George Vaillant, profesor de psiquiatría de Harvard Medical School, y que aborda en su libro “Aging well”. En el mismo, el experto detecta diferentes factores que influyen en la relación entre longevidad y felicidad. Tener la capacidad de resiliencia y adaptación ante situaciones difíciles, cumplir con hábitos saludables como no fumar o no consumir alcohol en exceso, practicar ejercicio físico diario, vivir en pareja o seguir formándose siempre que se pueda son algunos de ellos. 
Estos y otros elementos han sido analizados también por expertos de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC), quienes coinciden en que, sin duda, la genética tiene una gran incidencia en la longevidad. “También es importante disponer de una buena red social que te mantenga activo, que es un factor que se menciona poco: si no se tienen motivos para vivir, no se llega a estas edades”, apunta Salvador Macip, médico y director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC. Macip lleva observando las bases biológicas del envejecimiento desde hace más de 25 años: “En mi laboratorio, actualmente trabajamos en varias líneas en torno a este tema, sobre todo para buscar marcadores que nos permitan saber la edad real de nuestros tejidos y definir dianas terapéuticas”.
Por otra parte, la evidencia científica ha respaldado la hipótesis de que el estado de ánimo influye también en la longevidad. No sufrir estrés o ansiedad son algunos de los factores clave que hacen vivir más años. Según Montserrat Lacalle, psicóloga experta en personas mayores y profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, “son más longevas las personas que tienden al optimismo, que viven en pareja o o están rodeadas de una comunidad y, por tanto, evitan el aislamiento”. En cuanto a la personalidad, la especialista afirma que la impulsividad disminuye la esperanza de vida.
Eso sí, Lacalle aclara que no se debe caer en la simplicidad de creer que quienes son más felices, viven más. “Tenemos que considerar que esta variable influye en otras. Por ejemplo, una persona con buen estado de ánimo probablemente tiene más vida social y una cotidianidad más llena de estímulos que una persona que sufre una depresión y que, seguramente, actúa de una forma radicalmente diferente”.

No hay una fórmula secreta para llegar a los 100 años

A pesar de que los elementos mencionados favorecen la longevidad en buenas condiciones, los expertos recuerdan que no hay una fórmula que asegure un envejecimiento saludable ni por qué unas personas viven más que otras. “Hay factores genéticos que dependen de lo que heredamos de nuestros padres, y otros están relacionados con el entorno y los hábitos de vida. El peso que tienen unos y otros todavía no está claro”, indica Macip. 
En este punto, el experto de la UOC agrega que se ha abusado del concepto de las zonas azules, es decir, aquellos lugares del planeta donde hay una concentración inusual de centenarios. A pesar de que esto puede dar la idea de que se debe a determinadas dietas o a características del entorno, asegura que la realidad es mucho más compleja. 
Más allá de alargar el número de años, la cuestión clave es de qué manera queremos vivirlos. Y es que, aunque la calidad de vida también ha aumentado, no lo ha hecho de forma paralela a la esperanza de vida. “Esto quiere decir que cada vez vivimos más años con mala salud, que no es ni mucho menos el objetivo”, declara Macip. 
Para Lacalle, “las sociedades no se están adaptando demasiado al envejecimiento y no están preparadas para afrontarlo. Hoy en día las familias tienen mucha movilidad geográfica, lo que dificulta que los hijos puedan cuidar de los padres, si no viven en el mismo país. Además, cada vez se tienen menos hijos y esto complica las atenciones”, concluye. 

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