21 junio, 2024

Microsoft es la gran beneficiada de una OpenAI débil. El problema es que también la necesita fuerte

En los últimos tres días hemos vivido un singular culebrón en el seno de OpenAI, la empresa responsable del desarrollo de ChatGPT, DALL-E o Whisper. El pasado viernes la junta directiva despidió a Sam Altman, su CEO, por sorpresa, pero apenas un día después comenzaron a aparecer rumores y datos que apuntaban a una vuelta triunfal de Altman tras la presión por los inversores.

El final de este culebrón (o al menos, de su primera temporada) ha sido igualmente vertiginoso y sorprendente: Microsoft ha fichado a Sam Altman para que lidere su nueva división de investigación de IA, y eso abre una nueva y prometedora etapa para ambas partes. Lo que no está tan claro es qué impacto tendrá dicho fichaje para OpenAI.

Cronología de un culebrón tecnológico

Los acontecimientos se han precipitado en apenas tres días. Al sorprendente despido de Altman el pasado viernes le siguió pocas horas después la dimisión de Greg Brockman, otro de los pesos pesados de la compañía.

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Sam Altman y Satya Nadella se estrechan la mano en el reciente evento OpenAI Dev Day. Fuente: OpenAI

Este último explicaba en X cómo se produjo el despido, pero pocas horas después comenzaban los rumores sobre una hipotética vuelta de Altman al puesto de CEO. El mismo viernes, tras el despido de Altman, una serie de mensajes de empleados de OpenAI mostraban su apoyo a su exCEO: varios de ellos acabaron abandonando también la empresa.

A partir de ahí se sucedieron los rumores. Se habló de que Altman llevaba tiempo pensando en iniciar una nueva aventura empresarial en el campo de la IA que incluso podía tener relación con el diseñador de chips ARM.

Los rumores sobre su inminente retorno, pocas horas después de su despido, se dispararon cuando el mismísimo Sam Altman visitó las oficinas de OpenAI el sábado por la tarde. La foto que publicó poco después en X no dejaba del todo clara su postura. En esa publicación indicaba que “es la primera y la última vez que llevo una de estas”, en relación a la acreditación de invitado que le habían dado para entrar. Podía referirse a que volvía como CEO, pero también a que no volvería ni como CEO, ni como nada.


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Los esfuerzos por devolver a Altman a su puesto como CEO habían estado curiosamente liderados por Mira Murati, que había sido nombrada CEO interina de OpenAI tras su destitución. En The Information indicaban pocas horas después que Altman no volvería a la empresa, algo que Ilya Sutskever, otro de los directivos de OpenAI, confirmaba a sus empleados.

En OpenAI tampoco se quedaban de brazos cruzados y el domingo por la noche (en EEUU) se conocía el nombramiento de Emmet Shear, cofundador y exCEO de Twitch, como nuevo CEO interino —no como CEO sin más— de la empresa.


Fichaje

Y el lunes por la mañana llegaba el gran bombazo que pone fin privisional al culebrón: Microsoft ha fichado a Sam Altman, a Greg Brockman y a varios exempleados más de OpenAI. La empresa ha creado una nueva división de investigación en IA que Altman liderará y que plantea un punto de inflexión en un segmento en el que hasta ahora OpenAI era absoluto protagonista.

Quo vadis, OpenAI?

Ese fichaje puede tener enormes implicaciones para el futuro de OpenAI. En primer lugar, ¿qué ocurre con la inversión multimillonaria que Microsoft había realizado en OpenAI?

OpenAI ha perdido a Sam Altman, pero se juega algo más importante: una valoración de 86.000 millones de dólares

Como indican en Semafor, en realidad OpenAI solo ha recibido una fracción de esa inversión que teóricamente había ascendido a 10.000 millones de dólares —la cifra nunca ha sido confirmada oficialmente—. La mayor parte, revelan fuentes cercanas a la alianza,”es en forma de compras de computación en la nube en lugar de en efectivo”.

Eso quiere decir que Microsoft no invirtió dinero como tal, sino que pagó esa inversión en forma de recursos e infraestructura en su plataforma de computación en la nube, Azure.

Eso podría ser un elemento clave del futuro de esa alianza, ya que le da a Microsoft cierta ventaja si quisiera tratar de anular dicho acuerdo. ¿Había obligación contractual de informar a Microsoft antes de tomar decisiones del calado de la que se tomó con el despido de Altman? No se sabe.

Nadella, eso sí, dejaba claro en su mensaje que Microsoft mantiene su compromiso con OpenAI, pero fuentes internas revelaron el sábado en Bloomberg que el CEO de Microsoft estaba “furioso” por no haberse enterado de la decisión hasta que ya fue demasiado tarde.

En segundo, ¿qué ocurre con toda la apuesta que Microsoft había hecho basada en las plataformas de OpenAI? En el reciente Microsoft Ignite 2023 anunciaron la integración de ChatGPT en diversas propuestas —Bing Chat ahora se llama Copilot, por ejemplo, pero es básicamente un “fork” de ChatGPT—, y parece difícil que ahora puedan dar marcha atrás en esa integración o hacer cambios a corto plazo.


Balajis

Aún así, hay analistas que apuntan precisamente a un futuro en el que Microsoft desarrolle su propia plataforma de IA para evitar la dependencia de OpenAI y acabar cancelando el acuerdo. Que eso ocurra o no es ahora mismo una absoluta incógnita.

El futuro inmediato de OpenAI será determinante para su trayectoria a medio y largo plazo. La marcha de Altman, cabeza visible y absoluto referente en el segmento, puede tener un impacto reputacional importante.

Para tratar de evitarlo Emmet Shear, nuevo CEO interino de OpenAI, ya ha indicado en X cómo quiere plantear esos primeros pasos al frente de la empresa. En los próximos 30 días, afirmaba, se llevará a cabo una investigación independiente para analizar cómo se produjo el despido, que Shear admitía que “se gestionó muy mal, lo que ha dañado seriamente nuestra reputación”.

A partir de ahí Shear explicaba que se reunirá con empleados, socios, inversores y clientes para tomar medidas, incluida una potencial “reforma del equipo de gestión y liderazgo”. Hay un dato interesante respecto a este ejecutivo: hace unas semanas abogó por una “desaceleración” del desarrollo de modelos de IA para trabajar en ellos pero prestando más atención a su seguridad.

En su postdata el nuevo CEO interino añadía que el despido de Altman no se produjo por desacuerdos en cuanto a la seguridad de su plataforma, y que el apoyo a la comercialización de los modelos de OpenAI estaba confirmado por parte de la junta. No parece por tanto que el problema estuviera en la filosofía interna y misión de la compañía.

Microsoft como potencial gran ganadora

Mientras, para Microsoft se abren esas nuevas posibilidades de las que hablábamos… y alguna más. No solo a la hora de desarrollar modelos de IA generativa propios para “independizarse” de OpenAI: la cosa podría ir a más.

Maia

De hecho, en Bloomberg mencionaban ayer domingo que Altman había viajado a Oriente Medio para buscar inversores para un nuevo proyecto con nombre en clave “Tigris”. El objetivo: crear chips para IA que pudieran competir con los creados por NVIDIA. También se habló de cómo Altman se reunió con Jony Ive para plantear el desarrollo de un nuevo dispositivo hardware que se convirtiera en “el iPhone de la IA”.

Aunque esas negociaciones y proyectos podrían quedarse en nada, el fichaje de Altman por parte de Microsoft también cobra especial sentido en el primer caso: la firma de Redmond, que llevaba tiempo trabajando en ese campo, acaba de presentar sus propios chips de IA, Azure Maia AI y Azure Cobalt para sus centros de datos. Quién sabe si Altman y su equipo acabarán también trabajando en ese ámbito.

Se abre pues una etapa especialmente importante tanto para OpenAI como para Microsoft. De cómo se desarrollen los acontecimientos a corto plazo dependerá probablemente buena parte de lo que ocurra a más largo plazo en el campo de la inteligencia artificial. ¿Quién será el gran ganador de esa carrera? Todo parece posible ahora.

En Xataka | OpenAI quería una transición tranquila tras el despido de Sam Altman. Se ha encontrado con un terremoto en casa

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