28 febrero, 2024
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qué indica el color y cuándo deberías ir al médico


Con la llegada del frío llegan los resfriados, las sinusitis, las faringitis y todo tipo de problemas de salud asociados a la bajada de las temperaturas. Aunque el frío, quedarse frío o pasar frío no son la principal causa de que nos pongamos malos en esta época del año, la verdad es que sí puede influir de alguna forma ya que determinados virus se sienten más cómodos en ambientes fríos que cálidos. 
A estas patologías es frecuente asociarlas con un síntoma muy molesto pero necesario y del que sabemos poco: los mocos. 
Como explica a CuídatePlus Belén Concejero Gómez de Salazar, fisioterapeuta en el centro Little By Little Fisioterapia, en Madrid, y una de las ponentes en una charla organizada por Nutribén, “los mocos son el mecanismo natural del cuerpo para hacer frente a las infecciones”. Lo primero que hay que saber es que “los mocos son amigos”.
Como apunta Juan Antonio Márquez Vácaro, médico de urgencias del Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón, “los mocos son una sustancia secretada por los senos paranasales y la nariz y su misión es humidificar y depurar el aire que inspiramos al atrapar partículas y microorganismos que pudieran ser nocivas para los pulmones”. Por tanto, “es necesario tener mocos”.
Solo debemos preocuparnos y ocuparnos de ellos “cuando su crecimiento se hace excesivo y nos complica la vida”. Esto es “cuando empezamos a notar que respiramos peor, que tosemos, que nos cansamos más o que roncamos por la noche”. En el caso de los niños, además, “puede ocurrir que se los traguen y por ello coman menos o, incluso, que los veamos en sus deposiciones”.
Tenemos que saber diferenciar entre “el moco que tenemos en nariz o nasofaringe, es decir, el moco típico de los catarros de vías altas y que no suelen dar mayor dificultad que las famosas “velas”, de los mocos propios de una infección en pulmón, donde el moco estará en los bronquios y puede ser un problema, tanto para niños como para adultos y ancianos”, señala la fisioterapeuta. En el caso de los niños, esto ocurre cuando “empezaremos a notar que los peques suenan como una “cafetera” o agua hirviendo y que incluso puede llegar a tener trabajo respiratorio”. En estos casos “es ideal acudir al pediatra y a fisioterapia respiratoria”.

Qué indica el color del moco

En cuanto al color y la textura del moco es importante indicar que “el único moco no infectado es aquel que es claro, transparente o blanco”, informa a CuídatePlus José Miguel Rodríguez González-Moro, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, en Madrid. Este moco es el que se presenta cuando tenemos congestión nasal y suele aparecer ante un resfriado o proceso gripal. 
Cuando el moco cambia de color y se transforma en verde, amarillento o de otra tonalidad “es un indicativo de infección”. También hay que tener en cuenta, además del color, el olor. “El moco no huele y si lo hace es porque también hay un proceso infeccioso”. 
Al tener una infección, “el color y viscosidad de los mocos cambia”, añade Márquez Vácaro. “Cuando se tiene infección pasan de transparentes a blancos, posteriormente a amarillo y por último se tornan de color verde. Estos indican que el organismo está luchando contra la infección”, informa el experto. 
Los mocos amarillos “indican el avance de la infección y que las defensas del organismo, los glóbulos blancos, están llegando al foco de infección y luchando contra los gérmenes”, explica Marquéz Vácaro. El color amarillo no indica que exista una infección vírica o bacteriana, solo indica que hay infección, por lo que habrá que acudir al médico para que descarte una u otra y, en caso de que sea necesario, pautar antibiótico. 
Los mocos verdes suelen indicar que el sistema inmunológico está luchando contra una infección. Cuando el organismo combate la infección, “la mucosidad se vuelve verde y espesa”. Según Márquez, en este caso, “deberíamos ir al médico, cuando los mocos verdes se prolongan durante varios días y cuando se acompañan de otros síntomas como fiebre”. Esto es importante para descartar un proceso grave como una bronquitis aguda o una sinusitis. Hay que señalar que “el color verde de los mocos tampoco es indicativo de infección bacteriana y tampoco es una razón suficiente para dar antibióticos”. 
Además del blanco, el amarillo y el verde, es posible ver mucosidad de color rosada. En este sentido hay que tener claro que  “con el moco no debe haber sangre y, si la hay, puede ser por diferentes causas, que pueden ir desde una irritación en la zona interna de la nariz a algo más grave si el paciente presenta esputos mezclados con sangre”, informa Rodríguez González-Moro. En este caso, advierte el experto, “hay que ir a urgencias”. 

Cómo eliminar los mocos

El primer paso para eliminar los mocos es mantener una adecuada higiene respiratoria que pasa por “no fumar, ni de forma activa ni pasiva, y proteger las vías respiratorias de este y otros tóxicos como la contaminación ambiental”, informa Rodríguez González-Moro. 
El segundo consejo es mantener “siempre un adecuado grado de humidificación ambiental, evitando el calor excesivo y el frío excesivo. Esto es importante porque los cambios bruscos de temperatura son malos para las mucosas que reaccionan autoprotegiéndose con la producción de moco”. Además, “estos cambios favorecen los catarros, las rinitis y las sinusitis”, señala el experto. 
Para favorecer la expulsión del moco, el neumólogo aconseja, “tener las vías altas muy hidratadas, a través de una buena hidratación interna y externa y mantener intacto el mecanismo de la tos”. La tos, aunque molesta, es una forma de que salgan los mocos y de luchar contra la infección. 
En el caso de los niños, informa Concejero Gómez de Salazar, “los lavados nasales son siempre la mejor recomendación y hacerlos a demanda”. Esto es así porque “los peques no saben sonarse y necesitan que les ayudemos a arrastrar el moco para respirar mejor. En los más pequeños, señala, “habrá que hidratar muy bien la mucosa tumbándoles de lado y lavando siempre el agujero que queda arriba sin presión”.
En niños más mayores, “vamos a recomendar cambiar la posición a vertical a partir de los 3 meses, apoyados sobre nosotros (a modo silla) y manteniendo la boca abierta”. La presión de la jeringuilla “deberá ser constante y la cantidad desde 1,5 por nariz hasta 5 mililitros según necesidad”. El último consejo suyo es que “se puede añadir a la jeringuilla unos adaptadores para que el lavado sea más suave”.
 

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