19 julio, 2024

Tengo covid persistente: ¿qué tratamientos existen?


Algunas personas no pueden olvidarse del coronavirus SARS-CoV-2 a pesar de haber sufrido la infección una o más veces. Son quienes padecen la denominada Covid persistente o Long Covid, que está reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y se define como un conjunto de síntomas y signos que persisten cuando han transcurrido más de tres meses tras haber pasado la Covid-19. Entre estas manifestaciones, hay tres que la OMS reconoce como las más relevantes: la fatiga, las alteraciones cognitivas y la dificultad respiratoria.
Es un problema cuyo diagnóstico no es tarea fácil, aunque se van abriendo paso métodos cada vez más objetivos, como los biomarcadores identificados por un equipo de investigadores del Hospital Monte Sinaí, de Nueva York, encabezados por David Putrino. El estudio que se acaba de publicar en la revista Nature revela que los pacientes con Covid persistente muestran diferencias claras en la función inmune y hormonal respecto a las personas sanas. Estas divergencias les han permitido seleccionar una serie de parámetros que se pueden analizar a partir de muestras de sangre y que, si se confirman en ulteriores estudios, podrían servir para diagnosticar la condición.
Entre otras cosas, los pacientes con Long Covid presentan un mal funcionamiento de los linfocitos T, que son unas células esenciales del sistema de defensa del organismo (sistema inmunitario), así como la reactivación de virus latentes (como el Epstein-Barr) y una reducción significativa de los niveles de la hormona cortisol.
Hasta que lleguen los métodos más objetivos, los síntomas que presentan los pacientes son la base del diagnóstico. Se trata de individuos en los que, tal y como explica Pilar Rodríguez Ledo, vicepresidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y presidenta de la Red Española de Investigación en Covid persistente (Reicop), “pasado el tiempo en el cual tendría que haber desaparecido toda su sintomatología, persisten los síntomas, no recuperan su estado previo o, incluso, sin haber tenido síntomas en la fase aguda, empiezan a padecerlos posteriormente”. 
Son “los grandes olvidados de esta pandemia”, según la experta, y no porque sean pocos. Se calcula que representan el 10% de las personas que han tenido Covid, lo que en España supondría aproximadamente 1.400.000.

¿Por qué se produce la Covid persistente?

La Covid persistente puede afectar a cualquier parte del organismo, aunque lo más frecuente es la sintomatología general, derivada de la astenia o fatiga. Muchas personas lo definen como el cansancio más grande que han tenido en su vida. También son habituales los trastornos neurocognitivos, como el déficit de atención y la falta de concentración o lo que popularmente se conoce como niebla mental. El dolor de cabeza y las alteraciones del aparato digestivo, respiratorio y cardiovascular son otras posibles manifestaciones.
Pero, ¿por qué se prolongan estos síntomas una vez superada la fase aguda de la infección? “La teoría de la persistencia viral, cada vez cobra más fuerza”, expone Rodríguez Ledo. En esencia, se cree que “el organismo de los afectados no ha eliminado totalmente el virus; está escondido en alguna parte del cuerpo y produce exacerbaciones o brotes puntuales de enfermedad”. 

¿El Long Covid se puede curar?

Hay personas que llevan sufriendo los síntomas de Covid persistente desde que contrajeron la enfermedad en la primera ola de la pandemia, a principios de 2020. Otros han mejorado significativamente, aunque no han podido librarse totalmente de algunas manifestaciones. Finalmente, también hay muchos casos de personas que se recuperan totalmente. No obstante, todavía no se sabe a ciencia cierta cuáles son los marcadores pronósticos más fiables ni existen opciones terapéuticas infalibles. “A día de hoy tenemos que decir que no existe ningún tratamiento que haya demostrado la curación o cronificación de la Covid persistente”, asegura la vicepresidenta de SEMG.
Eso no quiere decir que no se pueda hacer nada. De hecho, puesto que muchos de los síntomas, como la fatiga o los problemas respiratorios, son comunes a otras enfermedades, existen distintos tipos de tratamientos que permiten aliviar de forma significativa los síntomas. Estos son algunos ejemplos:
Rehabilitación neurocognitiva.
 
Rehabilitación física.
 
Terapia ocupacional.
 
Logopedia.
 
Prescripción de ejercicio físico.

Tratamientos en investigación para la Covid persistente

Asimismo, hay tratamientos muy prometedores en distintas fases de investigación.

Antivirales

Siguiendo la teoría de la persistencia viral, se han puesto en marcha múltiples ensayos clínicos para probar la eficacia de distintos fármacos antivirales. Por ejemplo, se ha investigado la utilidad de Paxlovid, compuesto por dos principios activos, nirmatrelvir y ritonavir. También se han realizado estudios con valaciclovir, famciclovir o valganciclovir, entre otros. Sin embargo, de momento no existe ninguna terapia antiviral aprobada frente al Long Covid. Otra cosa es que los médicos opten por utilizar alguno de ellos en el contexto de un ensayo clínico o en casos concretos con todas las precauciones necesarias, apelando a lo que se conoce como uso compasivo.

Estimulación eléctrica

El grupo de Jordi Matías Guiu, especialista en Neurología del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, empezó a estudiar las alteraciones cognitivas de los pacientes con Covid persistente hacia mediados-finales de 2020. “Hicimos un estudio cognitivo muy exhaustivo y un protocolo de neuroimagen con resonancia magnética (RM) con secuencias muy avanzadas”, relata el investigador.  
Descubrieron que las alteraciones cognitivas afectan fundamentalmente a la atención, a la velocidad de procesamiento y, aunque en menor medida, a la memoria episódica y a la función ejecutiva. A continuación, relacionaron estos problemas con cambios en las imágenes de resonancia magnética.  “En comparación con un grupo control, estos pacientes mostraban una alteración en la sustancia gris, en la microestructura de la sustancia blanca y también cambios en la conectividad cerebral”, resalta Matías Guiu. Y estos cambios, a su vez, “se relacionan con la intensidad de las alteraciones cognitivas que encontramos”.
Los investigadores comprobaron también que tanto la fatiga como las alteraciones cognitivas suponen un impacto muy importante en el día a día de quienes las sufren y, de hecho, “son los dos síntomas que más se relacionan con la dificultad para reincorporarse al trabajo y tienen la mayor repercusión en las actividades cotidianas”. Por esta razón, se preguntaron qué podían hacer para mejorar los síntomas de estas personas y, con ello, su calidad de vida.
“El hallazgo de alteraciones de la conectividad cerebral nos llevó a plantearnos la intervención sobre ella”, señala el neurólogo. De ahí surgió la idea de probar la eficacia de las técnicas de neuromodulación cerebral no invasiva, que permiten modular la conectividad de una serie de regiones o circuitos cerebrales. Las más conocidas son la estimulación magnética transcraneal y la estimulación eléctrica. Esta última consiste en generar una corriente eléctrica poniendo electrodos en dos zonas del cuero cabelludo. “Esa corriente eléctrica, que es pequeña, produce cambios en la conectividad cerebral”. 
Los investigadores diseñaron un ensayo clínico cuyo objetivo principal fue mejorar la fatiga de los pacientes después de ocho sesiones de estimulación eléctrica. “Fue un ensayo clínico aleatorizado y doble ciego: el 50% de los pacientes recibió la estimulación eléctrica real y la otra mitad, una estimulación eléctrica simulada”, explica Matías Guiu. 
Los pacientes sometidos a estimulación eléctrica real experimentaron una mejoría significativa en la fatiga física, que se observaba una vez concluidas las ocho sesiones, pero también un mes después de haber finalizado el tratamiento. En los síntomas cognitivos no se apreció ninguna mejoría, pero la cognición fue un objetivo secundario y no se evaluó de una forma tan exhaustiva. Los resultados se han publicado en la revista Brain Communications.
Por otro lado, teniendo en cuenta el mecanismo de acción de la estimulación eléctrica, los investigadores creen que debería acompañarse de una estimulación cognitiva cuando se quieren inducir cambios en este nivel. Y eso es, precisamente, lo que están haciendo en un segundo estudio que han puesto en marcha recientemente, en el que, mientras se lleva a cabo la estimulación eléctrica -que dura 20 minutos-, los pacientes realizan con un ordenador una serie de ejercicios de atención, de velocidad de procesamiento y función ejecutiva.

Rehabilitación respiratoria

Los síntomas respiratorios que sufren las personas con Covid persistente también pueden ser muy incapacitantes. Con el fin de ponerles coto, un grupo de especialistas del Instituto de Investigación Sanitaria (Incliva) del Hospital Clínico de Valencia ha llevado a cabo un ensayo clínico que ha mostrado los beneficios de un programa domiciliario de entrenamiento de la musculatura inspiratoria. 
La idea surgió tras constatar que muchos pacientes experimentaban fatiga e intolerancia al ejercicio mucho tiempo después de haber pasado la infección por el coronavirus SARS-CoV-2, independientemente de si habían sufrido neumonía o de las lesiones pulmonares que padecieran. “Yo soy cardióloga, pero me remitían a muchos pacientes que tenían una sensación de falta de aire intolerancia de ejercicio y disnea (dificultad para respirar) que no se explicaban simplemente por los hallazgos en las exploraciones neumológicas”, señala Patricia Palau, del Grupo de investigación en Insuficiencia Cardiaca de Incliva. Esos mismos síntomas los experimentan quienes sufren insuficiencia cardiaca.
El equipo de Palau ha realizado varios estudios sobre la eficacia del entrenamiento de la musculatura inspiratoria en pacientes con insuficiencia cardíaca con “resultados espectaculares”. Con la colaboración de una neumóloga y una fisioterapeuta, decidieron probar estos métodos en pacientes con Covid persistente.
Todo parece indicar que el coronavirus no solo afecta al pulmón, sino también a la musculatura periférica, que es muy importante para la respiración. Y ese fue el objetivo del programa de rehabilitación que diseñaron: entrenar la musculatura inspiratoria. Tras una cuidadosa evaluación, los participantes acudían a consulta con la fisioterapeuta, quien les medía la presión inspiratoria máxima para analizar cuánta fuerza tenían para inspirar. “En función de esa fuerza, les entregábamos un dispositivo pequeño, que se llama resistómetro inspiratorio, para que hicieran en su domicilio los ejercicios que previamente les enseñaba la fisioterapeuta”, expone Palau, quien explica que se trata de “una membrana que solo se abre cuando se supera una presión al coger aire”. 
El dispositivo se ajustaba para que la resistencia fuera entre un 25 y un 30% de la presión inspiratoria máxima del paciente y, progresivamente, conforme iba mejorando, se aumentaba la resistencia.
El grupo de pacientes entrenados con este método mejoró una media de 4,5 puntos en el consumo pico de oxígeno respecto al grupo no entrenado. “Es una mejora muy importante”, resalta la cardióloga. Esto supone que “quienes previamente se fatigaban al realizar actividades que suponían una actividad física moderada pasaron a no fatigarse”. Por ejemplo, subir uno o dos tramos de escaleras.
Al tratarse de una técnica tan sencilla y eficaz, que además puede realizarse mientras se realizan otras actividades -como leer o trabajar con el ordenador-, Palau espera que su uso pueda extenderse a todos los pacientes con Covid persistente que experimenten síntomas de falta de aire e intolerancia al ejercicio.

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