29 mayo, 2024

Tosferina: estos son los síntomas de una de las enfermedades respiratorias más contagiosas


La tosferina es una enfermedad infecciosa causada por una bacteria (bordetella pertussis) y que se transmite al toser, estornudar o por el contacto directo con una persona infectada, de ahí que sea una patología altamente contagiosa. “La máxima contagiosidad de esta infección, que es más frecuente en invierno y primavera, se produce durante el período catarral y las primeras dos semanas, con un período de incubación de siete a 20 días”, explican expertos de la Asociación Andaluza de Enfermería Familiar y Comunitaria. 
La tosferina se puede contraerse a cualquier edad, tanto en niños como en adultos. Así, exponen desde la Asociación Española de Pediatría, “los niños más pequeños y que no han completado su calendario de vacunación o aquellos que no han recibido todas las dosis de la vacuna, también se encuentran en una situación de mayor riesgo de padecer la forma más grave de esta enfermedad”. 
Si bien es cierto que la incidencia y la tasa de complicaciones es máxima en los primeros meses tras el nacimiento, ni la infección natural ni la vacunación confieren protección de por vida, por lo que los adultos también pueden contagiarse, de hecho, la incidencia de la enfermedad en adultos es más elevada de lo que suele suponerse.
Por eso es importante conocer los síntomas y acudir a urgencias en caso de que sea necesario para evitar complicaciones.

Cuáles son los síntomas de la tosferina

Al principio, la tosferina se manifiesta como un resfriado común, es decir, con congestión nasal, moqueo, estornudos, tos o, incluso, fiebre y aparecen, por lo general, de 7 a 10 días después de que la persona haya estado expuesta al contagio, aunque es cierto que, como señala la Asociación Española de Pediatría, a veces, “pueden pasar hasta 6 semanas antes de que aparezcan los primeros signos de la enfermedad”. A medida que la enfermedad evoluciona, los síntomas también lo hacen y es cuando aparece la tos intensa. 
En los adultos, tener esta tos no es grave a priori, pero en los niños puede llegar a serlo. Esto es así porque, tal y como explica Cristina de Manuel Gómez, de la Sociedad Madrileña de Neumología, en la tosferina la tos “se produce en forma de ataques importantes que casi no dejan respirar, por lo que a veces se escucha el típico “gallo” (como un pitido o silbido) al coger aire, después de toser varias veces de forma repetida”. Por tanto, puede ocurrir que el niño tenga dificultad para respirar al toser entre inhalaciones de aire profundas. A diferencia del resfriado común, los ataques de tos persisten durante varias semanas seguidas.
Además, debido a la tos, también pueden aparecer otros síntomas como “vómitos” y “cansancio generalizado” en estos pacientes, tal y como señalan los pediatras. 
Es una enfermedad habitualmente leve en adolescentes y adultos pero, como se ha visto, “los bebés más pequeños, aún sin vacunar, son un grupo más vulnerable que puede sufrir complicaciones, pudiendo llegar a ser muy graves y en algún caso suponer el fallecimiento”. Por eso, “muchos de los bebés que padecen tos ferina requieren hospitalización”.
En el caso de los adultos, Francisco-Javier González-Barcala, del Servicio de Neumología del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, y autor principal del documento Tosferina en el adulto,  además de la tos “pueden aparecer otros síntomas como disnea, alteración del sueño y dolor costal, y complicaciones como sinusitis, neumonía, incontinencia urinaria o fracturas costales”, a consecuencia de la tos. Aunque, como señala, “cada vez son más frecuentes las presentaciones clínicas atípicas, especialmente en el adulto y en el sujeto previamente vacunado, que suelen tener formas más leves, siendo muchas veces la tos el único síntoma presente”. El problema de esta enfermedad es que, dado que la tos es un síntoma muy frecuente e inespecífico y con múltiples posibles etiologías, este síntoma “condiciona retrasos diagnósticos que a su vez favorecen la diseminación de la infección”.

Cómo detectar la tosferina

Para detectar la tosferina es necesario, además de la sintomatología, hacer pruebas de laboratorio para confirmar el diagnóstico que pueden ser la PCR o el cultivo de muestras biológicas del paciente, pero “solo son útiles en las primeras 3 semanas desde el inicio de la tos”, informa González-Barcala. Después de este tiempo, la recomendación es usar “la serología”. Según comenta el experto, actualmente, “el tiempo transcurrido hasta la consulta médica en los adultos está alrededor de los 17 días, de forma que llegan al límite del período en el cual la PCR o el cultivo pierden utilidad para el diagnóstico, y además, ese retraso diagnóstico fomenta, de nuevo, el incremento de brotes de una infección con una tasa de ataque que puede superar el 90%”.

Tratamiento de la tosferina

Al ser causada por una bacteria, el tratamiento de la tosferina se centra en el uso de antibióticos específicos. Esto mejorará el curso de la enfermedad si se administra al inicio de la misma. Si, por el contrario, “se administra una vez establecida la tosferina, su uso tiene poco impacto sobre su evolución, aunque es cierto que ayuda a disminuir la transmisión de la enfermedad a otras personas”, tal y como recuerda De Manuel Gómez.
Además de este tratamiento otras recomendaciones son: 
Mantener la casa libre de agentes irritantes que puedan desencadenar la tos como humo o polvo. 
 
Usar un humidificador.
 
Lavarse frecuentemente las manos con agua y jabón por al menos 20 segundos.
 
Beber mucho líquido para evitar la deshidratación.
 
No tomar medicamentos para la tos salvo que lo recomiende un médico. 

Vacuna de la tosferina

La mejor manera de protegerse de la tosferina es con la vacuna DTaP. Desde la Asociación Española de Pediatría recomiendan la vacunación de todos los niños contra la tosferina, siguiendo los calendarios de vacunación ((inmunizaciones a los dos meses, a los cuatro meses y a los seis meses de vida, y una vacuna de refuerzo entre los doce y los dieciocho meses y a los cuatro o cinco años o antes de comenzar el colegio) y también promueve su inclusión en la dosis de refuerzo de tétanos y difteria que se aplica a los adolescentes, actualmente a los 12-14 años. El objetivo es reforzar la protección frente a tosferina, debido a que, “ni la vacunación, ni la enfermedad natural dan una protección duradera”, señalan los pediatras. 
La asociación también recomienda la vacunación de las embarazadas en el tercer trimestre de cada gestación para transferir defensas (anticuerpos) al feto y prevenir la infección de los lactantes en los primeros meses, periodo en el que se presentan los cuadros de mayor gravedad y en el que el lactante no ha iniciado la  vacunación; además la vacunación también evita la tosferina en la madre, que suele ser la fuente de la enfermedad del bebé.
 

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