21 abril, 2025

Válvula aórtica bicúspide: los riesgos de la lesión cardiaca de Sonsoles Ónega


Algunas cardiopatías congénitas no se diagnostican hasta la edad adulta porque no dan síntomas durante la infancia, la adolescencia e, incluso, la primera juventud, o bien porque se detectan de forma casual durante una revisión rutinaria. Es lo que le sucedió a la periodista y presentadora Sonsoles Ónega hace una década: descubrió a los 38 años de edad que padece una lesión conocida como válvula aórtica bicúspide. Se trata de la anomalía cardiovascular congénita más común y se calcula que afecta a entre el 0,5 y el  2% de los recién nacidos.
Desde entonces, se somete a pruebas periódicas para vigilar la dilatación excesiva de la arteria aorta y el consiguiente riesgo de muerte súbita cardiaca. Hay que tener en cuenta que la lesión que padece la presentadora es muy heterogénea y no siempre supone un riesgo vital inminente. En algunos casos resulta especialmente preocupante, amenaza la supervivencia o requiere un seguimiento muy estrecho, mientras que en otros nunca se manifiesta y, de hecho, hay personas que no llegan a saber que la padecen.

En qué consiste la válvula aórtica bicúspide

La válvula aórtica es una estructura del corazón que actúa como compuerta al comunicar el ventrículo izquierdo con la arteria aorta ascendente. Su misión es regular el flujo sanguíneo del corazón a la aorta, que es el mayor vaso sanguíneo que lleva sangre rica en oxígeno al cuerpo. Está compuesta por tres valvas o velos, pero en el caso de la válvula aórtica bicúspide está constituida por solo dos valvas desiguales, lo que puede dificultar su correcto funcionamiento y, a su vez, afectar a otras estructuras.

La válvula aórtica bicúspide puede causar anomalías que van más allá de las válvulas cardiacas. (Foto: Shuttertock)
Tal y como apunta la Sociedad Española de Cardiología en su página web, “en el 50% de los adultos con válvula aórtica bicúspide se observan anomalías no valvulares. La más común es la dilatación de la aorta ascendente”. Al no permitir un cierre adecuado de la válvula, otra complicación relativamente habitual es el flujo inverso de la sangre o regurgitación valvular aórtica. Es decir, que la sangre fluya hacia atrás. 
Este tipo de anomalía congénita cardiaca se suele clasificar en tres subtipos en función de su pronóstico:

Patología compleja de la válvula aórtica (infrecuente)

En los casos más graves, la válvula aórtica bicúspide está asociada a síndromes genéticos, a enfermedades congénitas cardiacas graves, a problemas aórticos importantes, disfunciones valvulares, etc. En estos pacientes, el diagnóstico se suele producir en la infancia o adolescencia, se requiere una vigilancia muy estrecha y un tratamiento temprano y, generalmente, la expectativa de vida suele ser reducida porque aumenta de forma significativa el riesgo de problemas graves, como la endocarditis (inflamación del revestimiento interno de las cámaras y válvulas cardíacas) o la disección aórtica (desgarro de la pared de la aorta).

Patología típica de la válvula aórtica (más frecuente)

Cuando este defecto cardiaco se manifiesta en jóvenes y adultos, muchas veces requiere tratamiento, pero no siempre. El riesgo de endocarditis y disección aórtica está presente, pero la expectativa de vida no se suele ver afectada.

Válvula aórtica bicúspide no diagnosticada

En ciertos casos, la anomalía no llega a presentar síntomas porque la patología aórtica que produce es leve y no progresa. El diagnóstico se realiza de forma incidental, como en el caso de Sonsoles Ónega, o bien post mortem, cuando se realiza una autopsia. En todo caso, requiere vigilancia porque no se puede descartar el riesgo de complicaciones.

Síntomas de los casos graves

En aquellos casos en los que la válvula bicúspide es tan acusada que llega a provocar una estenosis aórtica grave o una regurgitación aórtica significativa, los síntomas más habituales son:
Falta de aire.
 
Dolor torácico.
 
Dificultad para hacer ejercicio.
 
Desmayos.

Tratamiento de la válvula aórtica bicúspide

El tratamiento de esta anomalía cardiaca depende de la gravedad de los síntomas y el riesgo de complicaciones. En los casos más leves, sobre todo si no progresan, suele ser suficiente la vigilancia tanto de la aorta como de la válvula aórtica mediante pruebas de imagen.
Los casos más graves suelen precisar un tratamiento quirúrgico o mediante cateterismo para reparar o reemplazar la válvula aórtica afectada.

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