28 mayo, 2024

‘Y ahora, ¿quién podrá autoayudarnos?’



“Y ahora, ¿quién podrá autoayudarnos?”

Yo creo que debe haber sido cosa de los noventas. Porque solo en una época de individualismo extremo es que puede proliferar el negocio de la autoayuda.Para mi es terrible que exista la moda de la autoayuda, porque significa que el mundo desistió de ayudarte. Adiós a la solidaridad, a la mano amiga, incluso al que ayuda para quedar bien. No. Ahora la sociedad te saca la lengua, te hace pito catalán, y te dice: ¡arreglate solito, hermano!. “Autoayudate”.¿En qué consiste la autoayuda? En comprar libros de autores que te baten la posta. Y te ayudan a cualquier cosa, ya sea a mejorar tu vida sexual, a respirar – si tal cosa fuese posible-, a hacerte mejores enemas, bajar 63 kilos en media hora, elegir tu carrera, correr alrededor de la Plaza Flores, volverte un facho exitoso, invertir en un esquema piramidal, fundirte y volver a levantarte… ¡y todo por menos de 5 lucas! ¿No les parece muy poco precio por la felicidad, la sabiduría y la paz interior?Pero lo interesante es que nadie conoce a estos autores, hasta que venden muchos libros y se vuelven best-sellers. Si yo te decía Pilar Sordo hace 20 años pensabas que hablaba de un instituto de otorrinolaringología en Pilar.O hasta que el susodicho autor va en cana, o se descubre que es jefe de una secta que lava guita de la mafia de la autoayuda o hasta que se confirma que el autor era muy afecto a tomar textos y partes de libros de otros autores, sin permiso.Claro: para el que vende autoayuda, el plagio es la forma de la autoayuda que empieza por casa.Otra cosa interesante es que parece que la autoayuda autoayuda mucho a los que venden muchos libros: ellos solucionan muchos problemas personales, particularmente los económicos.Me pregunto cómo se debe considerar a un autor de autoayuda que fracasa intentando vender su libro: ¿es un auto-fracasado? ¿Hay que recomendarle que compre un libro de “cómo vender su libro de autoayuda” para que pueda autoayudarse? ¿O simplemente decirle “chanta que te fue mal”? Si ese fuese el caso, ¿no le convendría publicar una saga intitulada “cómo quedar como un chanta fracasado”?Como sea, la autoayuda es un signo de los tiempos. Fijate que en los sesenta la gente pensaba en la revolución, en la vida comunitaria. Hoy se trata de ver quién tiene más grande la 4×4, el LCD o la ignorancia xenófoba. Es la onda new age del nuevo milenio virada a la derecha.Y el tema no resiste mucho análisis. Hay cosas que dan confianza y otras que no tanto. El yoga, por ejemplo. Es una disciplina milenaria. El combustible espiritual, en cambio, es algo que surge en la era del barril de petróleo a 90 dólares y un choclo para biocombustible a 400 pesos cada uno. Y ahí ya me surge una duda: si uno llama al Automóvil Club, ¿estamos ante un caso de auto-ayuda?¿Y cómo saber si lo que hacés está bien? Porque el libro te dice “respire profundo”. Pero en las profundidades no es fácil respirar, y si no respirás, te ahogás, papá.“Piense en positivo”, dice el libro: ¿eso significa que tenés que meter los dedos en el polo positivo del tomacorrientes? No es posible autoayudarte sin supervisión. Y las 5 lucas del libro no cubren accidentes por autoayuda o idiotez.Por último, la verdadera autoayuda te la tenés que inventar vos solito. Porque un gurú de la autoayuda, ¿qué hace ayudando a otros? Primero se tiene que ayudar a sí mismo. O como me pasó el otro día, que para investigar el tema me fui a una librería y le pregunto al vendedor: “Disculpame. ¿Dónde está la sección de los libros de autoayuda?” “Si le contesto”, me dijo, “estaría ayudándolo, y la gracia es que usted se ayude solo, verdad?”Y no se trata sólo de libros: también hay seminarios, charlas, simposios, charlas TED lo dije, Instagramers y ayudators varios. Pero si vos te querés autoayudar, ¿no es una contradicción buscar ayuda en otros? Para mi, o te autoayudas, o te dejás de embromar. ¿Que no sabés cómo autoayudarte? Entonces, no necesitás autoayuda. Necesitás ayuda. Y si necesitás un auto, es otro problema: eso no se soluciona respirando más profundo. Se soluciona como tantas otras cosas: con plata.



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