19 abril, 2024
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Ácido úrico alto: síntomas y qué alimentos aumentan los niveles


El ácido úrico es un compuesto orgánico formado por carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno que se forma cuando el metabolismo desintegra las purinas, unas sustancias que se encuentran en algunos alimentos y bebidas. Por lo general, el 80% de lo que se produce diariamente se elimina a través de la orina, pero hay casos en los que no, sobre todo si la dieta habitual tiene un gran contenido en purinas. Esto puede provocar un efecto acumulativo en la sangre y provocar problemas de salud. Si el cuerpo produce demasiado ácido úrico o no elimina lo suficiente puede provocar que se desarrolle hiperuricemia, gota y también pueden provocar que se produzcan cálculos renales que podrían bloquear las vías urinarias y causar infecciones renales y/o insuficiencia renal. Además, tener el ácido úrico alto es un factor de riesgo para enfermedades metabólicas como la urolitiasis, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial así como con síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares. 
Es importante señalar que un nivel alto de ácido úrico no es una enfermedad por sí sola por lo que no siempre causa síntomas, aunque algunos de ellos pueden ser:
Dolor e hinchazón de articulaciones. Por lo general se afectan más los dedos de las manos y los pies, las rodillas, los tobillos y los talones.
 
Enrojecimiento de la articulación afectada.
 
Deformación de las articulaciones por el exceso de cristales de ácido úrico.
 
Aparición de piedras en los riñones.
 
Sensación de calor en las articulaciones al tacto.
 
Problemas para orinar.

Qué comer para evitar el ácido úrico alto

Una parte de la terapia para reducir el ácido úrico está en la dieta. Esta debe centrarse en una alimentación dirigida a disminuir la producción de las purinas que genera el organismo. Para ello, “es imprescindible tomar muchos líquidos, limitar los alimentos de origen animal y, en particular, cualquier forma de bebida alcohólica”, señala el investigador del Laboratorio de Fitoquímica del Departamento de Ciencia y Tecnología de Alimentos de CEBAS-CSIC, Diego E. Moreno. 
Según los autores del documento Hiperuricemia y gota: el papel de la dieta, publicado en la Revista Nutrición Hospitalaria, entre los alimentos ricos en purinas se encuentran:
Todas las carnes, incluyendo vísceras y extractos cárnicos.
 
Todos los pescados, incluyendo los mariscos.
 
Algunos vegetales, como legumbres, espinacas, espárragos, setas y extractos de levadura”. 
Por el contrario, son bajos en purinas:
Los productos lácteos (leche, queso, yogur, helados)
 
Los huevos.
 
Cereales y sus productos (pan, pasta, cereales)
 
Verduras (lechuga, tomates y otras verduras, salvo las referidas previamente).
 
Frutas
 
Nueces
Tal y como señalan los autores, de la Sección de Reumatología del Hospital Universitario de Burgos, “la causa del aumento del riesgo relacionado con las carnes y pescados es multifactorial”. Por un lado, “se ha demostrado el efecto de una sobrecarga de purinas exógenas de origen animal sobre el aumento del ácido úrico, pero por otra, las carnes rojas son la principal fuente de grasas saturadas, que se asocian con una reducción de la excreción renal de urato”.
Asimismo, “algunas verduras crudas, como las espinacas, tienen mayor concentración de purinas que un filete de carne cruda (70 mg/100 g frente a 58 mg/100 g); sin embargo, se ha observado que el consumo de verduras y legumbres ricas en purinas no aumentan el riesgo de gota y tampoco una mayor ingesta de proteínas, en general, aumenta el riesgo de hiperuricemia y gota”. 
Por tanto, según los investigadores, “las diferencias en el riesgo de padecer hiperuricemia y gota entre los diferentes alimentos ricos en purinas podrían explicarse por diversos factores, como la variación en las cantidades ingeridas, el tipo de purinas, el hecho de que estén cocinadas o no y la diferente biodisponibilidad para la transformación de purinas a ácido úrico.
Diversos estudios han demostrado que el consumo de alcohol, tanto en hombres como en mujeres, se asocia con niveles más altos de uricemia y gota. Así, el riesgo de desarrollar gota es “2,5 veces mayor entre los hombres que consumen 50 gramos o más de alcohol al día, comparados con los que no beben alcohol”.
El consumo de lácteos, en especial lácteos desnatados, “se asocia inversamente con los niveles de uricemia”, es decir que quienes consumen leche una o más veces al día “tienen unos niveles de ácido úrico más bajos que los que no consumen leche”. Igualmente, “los que comen yogur al menos cada dos días tienen también niveles más bajos que los que no consumen yogur”. 

Ácido úrico y vitamina C

Otro de los aspectos de la dieta que está relacionado con los niveles de ácido úrico es el consumo de vitamina C. Como señala E. Moreno, “por cada 500 miligramos de vitamina C, el riesgo de gota se reduce en un 15% adicional”. De hecho, un estudio realizado por la American Medical Association a más de 46.000 hombres reveló que aquellos que habían realizado mayor ingesta de vitamina C, tenían hasta un 45% menos de posibilidades de desarrollar gota que aquellos que tuvieron una toma menor. 

Recomendaciones para controlar el ácido úrico

Sobre la alimentación y los niveles de ácido úrico, Enrique Calvo, del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Infanta Leonor (Madrid), da una serie de consejos para la población general. En su opinión, en cuanto al consumo de carne “este debe ser moderado y variado. El pavo, por ejemplo, puede ser más beneficioso o menos perjudicial que otros tipos de carne, aunque no es necesario suprimir la carne roja”. También es importante, “consumir pescado blanco”.
La clave está en la moderación y en la dieta mediterránea. Según el experto, “no se deberían suprimir alimentos de forma definitiva o taxativa. La idea es intentar llevar una dieta equilibrada y variada, fomentando el uso de algunos alimentos beneficiosos para la gota como lácteos desnatados, café, aceite de oliva, cerezas y otras frutas y reduciendo el consumo de otros más perjudiciales como el marisco, el alcohol, los embutidos, las vísceras, los lácteos grasos, los refrescos ricos en fructosa o la bollería industrial”, concluye.
 

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