28 febrero, 2024
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así funciona el “efecto de nuevo comienzo”

Todos los años, millones de personas hacen una lista con los propósitos que quieren llevar a cabo en el Año Nuevo. Desde apuntarse al gimnasio, comer mejor o bajar de peso hasta cambiar de trabajo, aprender un idioma o dejar de fumar. Lo importante es generar un cambio positivo en nuestras vidas. Y para ello hace falta una autopromesa. Un autoexamen para crear una estructura que nos mantenga motivados y encaminados en el cumplimiento de esos objetivos.

Un deadline que deja bastante margen: doce meses. ¿Son los propósitos de Año Nuevo una pérdida de tiempo? La ciencia lo ha querido investigar.

Un nuevo comienzo. Los propósitos de Año Nuevo existen desde hace miles de años en diferentes formas y de manera universal. Casi todas las culturas tienen fechas que representan “un nuevo comienzo”: una oportunidad para la introspección y el cambio de comportamiento. En el judaísmo, los 10 días desde Rosh Hashaná hasta Yom Kipur se dedican al autoexamen y al arrepentimiento de los pecados del año pasado. Estos se purifican arrojando un trozo de pan a un río en Yom Kipur.

Otros “nuevos comienzos” culturales están asociados con la abstinencia de vicios. En el Islam, dos fechas son clave: el Año Nuevo islámico Muharram y el mes de Ramadán. Durante estas fechas, los musulmanes ayunan, se abstienen del sexo y otros pecados. En las culturas occidentales, dejar de fumar y beber son también los principales pilares de las reflexiones de cambio, aunque según varias investigaciones hemos cambiado las temáticas desde la Segunda Guerra Mundial.

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¿Funcionan o no? Sí, tener un objetivo específico en mente y un plan para lograrlo puede aumentar las probabilidades de éxito. Un estudio de 2002 publicado en el Journal of Clinical Psychology sugiere que aquellos que hicieron propósitos de Año Nuevo tenían un 44% más de probabilidades de lograr esa meta después de seis meses que aquellos que no lo hicieron aunque estaban interesados en cambiar un problema en el futuro.

Otra investigación muestra que el 46% de las personas mantienen sus propósitos durante al menos seis meses y el 8% los mantienen durante todo el año. Aunque ese 8% puede parecer pequeño, las personas que eligen hacer una resolución de Año Nuevo tienen 10 veces más probabilidades de cumplirla según el estudio.

¿Por qué? Para algunos científicos y psicólogos, el “efecto de nuevo comienzo”, como se le denomina en este estudio de 2014 en la revista Management Science, está asociado con un aumento en el comportamiento aspiracional. Estos puntos de referencia temporales permiten a las personas dividir su percepción del tiempo en “antes” y “después”, y olvidarse de los fracasos anteriores como responsabilidad de un yo pasado. Según los autores, estos paréntesis temporales también fomentan un “pensamiento global”, que hace que las personas inviertan más en objetivos a largo plazo en lugar de gratificaciones instantáneas.

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Pero es difícil. Mientras países enteros ayunan durante el Ramadán, muy pocas personas logran sus propósitos de Año Nuevo. Un análisis de 2017 indica que solo el 9,2% de las personas consideró que habían logrado alcanzar su objetivo. Sólo el primer mes un tercio de los propósitos ya habían fracasado. Uno de los obstáculos es el plazo. Aunque la lógica nos diga que el objetivo de ser más saludable debería superar al deseo de comer alimentos ultraprocesados o drogarnos, no siempre tomamos decisiones racionales. En cambio, tendemos a devaluar las recompensas a largo plazo, un fenómeno conocido como descuento diferido. Cuanto más tiempo pase hasta que recibas la recompensa, menos la valorarás.

Es, en esencia, algo similar a la pregunta de si prefieres tener 100 euros ahora o 300 dentro de un año. Los 300 se perciben como menos valiosas debido al retraso. Robert West, profesor de ciencias del comportamiento en la University College London, explica que la clave está en que los deseos sólo existen “en el momento”: “Cuando llega el momento, olvidamos lo que habíamos planeado o algún otro deseo resulta ser más fuerte”.

Viejos hábitos vs nuevos. La solución a cumplir estos propósitos también podría estar en el tipo de metas que nos propongamos. Un estudio de 2020 publicado en la revista PLoS One concluía que las personas con objetivos que consisten en empezar a hacer algo tuvieron mucho más éxito que los orientados a dejar de hacer algo, con una tasa de éxito del 58,9% frente al 47,1%. Esto indica que quienes asumen nuevos desafíos (apuntarse al gimnasio) tienen más probabilidades de triunfar que quienes intentan alejarse de algo (dejar de fumar).

Compartirlo y apoyo social. Por último, es interesante comentar otras investigaciones que hacen hincapié en que una dinámica de grupo puede ayudar a mantener a las personas motivadas para una actividad. En el Ramadán, por ejemplo, más de 1.500 millones de personas se abstenienen de todo alimento durante el día durante todo un mes. Parte de esa fuerza mental recae en el compromiso cultural. Una buena idea para cumplir objetivos es unir fuerzas con alguien, compartir objetivos. O simplemente hacer cómplice a tu círculo de las metas que estás cumpliendo.

Imagen: Pixabay

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