27 mayo, 2024

Gestiona tu mal humor y evita pagarlo con los demás así

¿Quién no ha vivido un día en el que parece que todo le sienta mal y en el que cualquier situación cotidiana puede convertirse en un motivo de frustración o bloqueo? En esas circunstancias, tendemos a pagar ese mal humor con quien tenemos más cerca. Hablamos con dos expertos para que nos den pautas que nos ayuden a identificar ese tipo de situaciones y cómo manejarlas.
“Cuando estamos de mal humor cualquier situación sin importancia puede molestarnos”, señala Laura Fuster, psicóloga clínica. La experta indica que cada persona manifiesta este tipo de estados de manera diferente, “siendo lo más común estar serio, menos participativo y mostrarse irritable”.
Pone como ejemplo el caso de una persona a quien no le suena el despertador por la mañana. Como consecuencia, tiene ya poco tiempo para arreglarse e ir al trabajo, desayuna con prisa, tal vez pierde el autobús, etc. “Todos estos pequeños eventos van añadiendo frustración. Cuando llega al trabajo no habla con sus compañeros, si alguien le hace una broma probablemente le siente mal, a la hora de la pausa quizá opte por aislarse y si hay alguna situación conflictiva es posible que se enfade o conteste con irritación e incluso ira”.
Y es que las situaciones que nos ponen de mal humor pueden ser muy variadas, si bien en la mayor parte de los casos son de muy escasa relevancia inicial. La clave está en que lo importante no es lo que nos pasa, sino en “cómo interpretamos lo que nos sucede”.
Siguiendo con el ejemplo anterior, llegar unos minutos tarde al trabajo un día de modo excepcional no debería tener mayores efectos. “Pero lo que realmente nos pone de mal humor son los pensamientos que elaboramos sobre este hecho y sus repercusiones”, explica Fuster. Así, es posible que en una situación de este tipo la persona vaya pensando “seguro que llego muy tarde”, “todos los compañeros se van a dar cuenta”, “pensarán de mí que soy irresponsable”, “no podré avanzar todo lo que quería en mi trabajo”, “se enterará el jefe”, “me despedirán”… Por lo tanto, de una situación más o menos simple podemos acabar generando pensamientos extremos y catastróficos.
En la misma línea se pronuncia el psicólogo Luis Miguel Real quien destaca que las situaciones que nos pueden poner de mal humor son muy variadas y diferentes en cada persona, “yendo desde frustración con la política a agobio en el trabajo, pasando por un tiempo meteorológico que a lo mejor no es el que esperábamos para ese día”. Además de cuestiones externas de este tipo, también influyen factores hormonales y contextuales asociados con el comportamiento de las personas con las que nos relacionamos.
“Y debemos asumir que estar de mal humor en ocasiones es normal y que lo importante es cómo reaccionamos ante lo que nos sucede”, señala este experto.

Identificar y reconocer la irritación

La clave inicial, según Real, es identificar y reconocer que nos sentimos irritados, frustrados o enfadados porque lo que sucede “en no pocas ocasiones es que nos cuesta aceptar que estamos pasando por un estado de este tipo y tendemos a taparlo, de modo que al final acabamos explotando y pagando nuestra frustración con las personas más cercanas de una manera desproporcionada y ante un hecho nimio”.
Cuando admitidos que estamos de mal humor o enfadados y reconocemos nuestra vulnerabilidad estamos ya en mejores condiciones para superar este estado. “Primero porque al ser conscientes de ello vamos a evitar otro tipo de situaciones que no son convenientes en ese momento”, señala el especialista.

Verbalizar cómo nos sentimos

Asimismo, ese primer paso es esencial para dar lugar a un segundo que es verbalizar cómo nos sentimos con nuestro entorno más cercano. “Si avisamos a las personas con quienes convivimos o quienes más nos relacionamos que estamos de mal humor ese día por el motivo que sea y les pedimos que tengan un poquito de paciencia seguramente van a evitar comentarios o situaciones que no vamos a tolerar bien y todo va a ser más fácil. Pero para ello lo primero es reconocer nuestro estado y dar a nuestro entorno la posibilidad de que nos presten ayuda”, indica Real.
Y es que las situaciones que nos estresan se dan a lo largo del día y a veces “no podemos desahogarnos en el trabajo o con las personas con quienes estamos porque no tenemos confianza. Pero eso cambia cuando llegamos a casa y terminamos saltando fácilmente o pagando nuestro estado con quienes más queremos”, explica Laura Fuster

Darnos un tiempo de silencio

Otra estrategia que funciona para evitar este tipo de situaciones es “darnos un tiempo de silencio”, explica Real. Incluso salir a dar un paseo y dejar pasar un tiempo es efectivo para que a la vuelta vivamos la situación que nos ha generado frustración y mal humor con otro talante. “Tratar de airearnos nos hace desconectar y separarnos de los pensamientos que nos estaban generando tensión. Las dificultades no van a desaparecer pero sí va cambiar la forma en que nos enfrentamos a ellas”.
Fuster señala que con la terapia cognitivo conductual “analizamos los pensamientos que nos hacen daño para cambiarlos por otros más sanos y objetivos, que nos permitan reducir el estrés y tomar mejores decisiones”.

Claves para tomar decisiones

Así, las claves a tener en cuenta, según esta experta, son:
Detectar y cambiar pensamientos. “Los pensamientos son los que crean las emociones de frustración y enfado. Debemos saber qué pensamientos son los más comunes en nosotros y cambiarlos por otros menos negativos y más sanos.
 
Comunicarnos con la otra persona. “Es algo que no solemos hacer pero que es clave: avisar a la otra persona de que estamos de mal humor. Esto evitaría muchos problemas. Por ejemplo, cuando llegamos a casa después de un largo día de trabajo decir: “Hoy he tenido un mal día, después de la ducha te cuento”. De este modo, tengo un rato para relajarme y la conversación posterior será mucho más calmada”.
 
Hacer actividades agradables. Este tipo de actividades son la base del estado de ánimo. Dedicar un tiempo cada día a hacer algo que nos gusta previene el mal humor. “Podemos buscar actividades que no nos ocupen mucho tiempo como escuchar nuestra canción favorita, danos una ducha relajante, llamar a un amigo, estar un rato en silencio, hacer deporte, etc.”.
 
Pedir ayuda. En algunos casos, el mal humor está tan instaurado en la vida de la persona que se convierte en un círculo vicioso del que es difícil salir. “Si notamos que solos no podemos es útil buscar la ayuda de un profesional, un psicólogo cognitivo conductual puede ayudar a enfrentar este tipo de situaciones”.

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