20 junio, 2024

Ictus en jóvenes: ojo con los factores de riesgo atípicos


Los ictus en personas jóvenes siempre resultan especialmente impactantes e inesperados. Y más si se trata de alguien que no es obeso, no padece hipertensión, no es sedentario en absoluto… Es cierto que los accidentes cerebrovasculares son mucho más frecuentes en la tercera edad, pero no se trata de una enfermedad exclusiva de las personas mayores. Según datos de la Sociedad Española de Neurología, aproximadamente el 10-15% de todos los ictus ocurren en menores de 45 años e incluso, aunque raros, se pueden dar casos en niños. Según un nuevo estudio, los factores de riesgo tradicionales, que son muy similares a los implicados en el infarto y otros eventos cardiacos, son importantes entre los 18 y los 35-45 años, pero son igualmente relevantes otros factores no tradicionales. 
Los autores del nuevo estudio, publicado en la revista Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes, instan a prestar más atención a esos factores atípicos, con el fin de desarrollar estrategias preventivas que se ajusten a cada rango de edad.

Factores de riesgo típicos y atípicos del ictus

La mayoría de los ictus están relacionados con los factores de riesgo tradicionales, entre los que se encuentran, además de los ya citados, el tabaquismo, la diabetes tipo 2 y el abuso del alcohol y otras drogas. Sin embargo, hay estudios recientes que muestran un incremento de la incidencia de ictus en jóvenes que no presentaban ninguno de ellos, sino otros que se pueden considerar no tradicionales o atípicos.

Factores de riesgo tradicionales

Factores de riesgo atípicos

La migraña, principal factor de riesgo atípico

El estudio que recoge la revista Circulation, realizado por investigadores de la Universidad de Colorado (Estados Unidos), revela que los factores de riesgo atípicos cobran especial relevancia en las personas menores de 45 años de edad y, sobre todo, entre los 18 y los 35 años. De hecho, en los menores de 35, el 31% de los ictus en hombres y el 43% en mujeres se relacionaron con factores de riesgo atípicos, mientras que los factores tradicionales tuvieron una influencia menor: 25% de los ictus en hombres y algo más del 33% en mujeres.
La migraña fue el factor de riesgo no tradicional más importante entre las personas de 18 a 34 años, ya que fue el elemento más relevante en el 20% de los ictus en hombres y casi el 35% en mujeres. Diversos estudios publicados en los últimos 15-20 años han ahondado en la relación entre este tipo de dolor de cabeza crónico y los accidentes cerebrovasculares. Se trata de un vínculo complejo con varias posibles explicaciones; por ejemplo, la existencia de un proceso patológico subyacente que provoque ambas enfermedades. Además, hay que tener en cuenta que la mayoría de las personas con migraña no sufrirán un ictus.
En el grupo de edad de 45 a 55 años, los factores de riesgo no tradicionales representaron más del 19% de los ictus en los hombres y casi el 28% en las mujeres.
Un dato muy relevante en el que hacen hincapié los autores del estudio: en los dos sexos y en todos los grupos de edad, cada factor de riesgo adicional -tanto típico como atípico- se asoció con una mayor probabilidad de padecer un ictus.

Medidas más eficaces para prevenir el ictus

Por lo tanto, la suma de factores de riesgo es el peor de los escenarios de cara al desarrollo de accidentes cerebrovasculares. Por suerte, existe un amplio margen para la prevención, ya que, tal y como recalca la Sociedad Española de Neurología, hasta el 90% de los casos de ictus se podrían llegar a evitar simplemente controlando adecuadamente los factores de riesgo modificables de esta enfermedad.
Estas son las recomendaciones del Hospital Vall d’Hebron para actuar sobre esos factores:
Un control adecuado de la tensión arterial.
 
Mantener una dieta saludable, limitando la ingesta de sal y grasas, de embutidos y otros alimentos procesados, y de bollería industrial. La dieta mediterránea es una opción óptima, ya que es rica en sustancias antioxidantes y reduce la posibilidad de sufrir obesidad, colesterol LDL (el malo) y diabetes.
 
Practicar deporte de forma habitual ayuda a evitar la obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Se recomienda realizar ejercicio físico aeróbico moderado (como andar rápido) o intenso (correr) entre 30 y 60 minutos cinco días a la semana.
Vigilar y tratar adecuadamente enfermedades como la diabetes y la fibrilación auricular.
 
Controlar el sobrepeso y la obesidad.
 
Dejar de fumar.
 
Limitar o eliminar las bebidas alcohólicas.

Cómo reconocer un ictus para actuar a tiempo

Otra cuestión clave es el tratamiento urgente del ictus. Saber reconocer sus síntomas y acudir al lugar adecuado cuanto antes puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte, o bien entre la recuperación y las secuelas, dependiendo de cada caso. Ante los siguientes síntomas, es fundamental llamar al 112, incluso cuando solo se experimente uno solo de ellos o desaparezcan a los pocos minutos:
Pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en una parte del cuerpo. Generalmente afecta a una mitad del cuerpo y se manifiesta, sobre todo, en la cara y/o en las extremidades.
 
Alteración brusca en el lenguaje, con dificultades para hablar o entender.
 
Alteración brusca de la visión, como pérdida de visión por un ojo, visión doble o pérdida de la visión en algún lado del campo visual.
 
Pérdida brusca de la coordinación o el equilibrio.
 
Dolor de cabeza muy intenso y diferente a otros dolores de cabeza habituales.

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