19 abril, 2024
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Más allá del frío: otras causas que se esconden tras la hipotermia


La hipotermia se puede corregir fácilmente en nuestro medio, pero es importante hacerlo porque, de lo contrario, puede conducir a la muerte. Son conocidos los casos de personas fallecidas por este motivo en la montaña o por haber permanecido demasiado tiempo en agua fría. 
“Puede causarnos taquicardia, taquipnea (respiración acelerada), problemas para hablar, movimientos torpes o que no nos concentremos”, señala José Manuel Ramos Rincón, médico internista y portavoz de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), cuando se refiere a los efectos en nuestro cuerpo de la hipotermia. En casos más severos puede llegar a producir desorientación, semiinconsciencia, pérdida de memoria o de la conciencia. Suele asociarse a una dilatación de las pupilas, caída de tensión arterial y latidos cardiacos débiles.
Pero la hipotermia no está solo relacionada con las bajas temperaturas, puede ser consecuencia de algunas enfermedades o de la ingesta de productos, incluso de ciertos fármacos. Isabel Paules Cuesta, responsable del grupo de trabajo Estilos de Vida y Determinantes en Salud de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), hace una división en tres grupos: las patologías o sustancias que producen una pérdida excesiva de calor, las que disminuyen la producción de calor y las que alteran la regulación de la temperatura corporal.

Alcohol y enfermedades de la piel

Entre las primeras están las intoxicaciones por alcohol o por monóxido de carbono (generalmente debido a los braseros). “El alcohol interviene en rutas metabólicas específicas que implican el consumo de metabolitos y que influyen en el calor del cuerpo humano”, explica Isabel Paules. “Cuando la persona está expuesta al frío y en situación vulnerable es más fácil que ocurra, por ejemplo los alcohólicos que duermen en la calle”, apunta Ramos.
Las afectaciones importantes en la piel como les sucede a los quemados, o a pacientes con soriasis y dermatitis extensas, están en este grupo porque la pérdida o las lesiones de la piel provocan que el cuerpo pierda calor. Sucede lo mismo con algunos procedimientos médicos, como cuando se infunden sueros fríos, con la circulación extracorpórea (técnica que se utiliza en grandes cirugías), y la diálisis.
Problemas de salud de origen endocrino, como el hipotiroidismo o la malnutrición disminuyen la producción de calor. “El hipotiroidismo no tratado puede hacer que la temperatura baje a 34-35 ⁰C”, enfatiza Ramos. Asimismo, el déficit vitamínico influye en la producción de calor y los diabéticos en situación de hipoglucemia tampoco pueden fabricarlo.

Ojo con las personas muy mayores

Las personas muy mayores tienen una menor reserva energética y no hacen una regulación adecuada del nivel metabólico, por lo que para aumentar la temperatura necesitan más calor ambiental. “También depende de la actividad que tengan, cuanto menos se muevan, más fríos están”, apunta el portavoz de la SEMI. La anorexia supone otro riesgo de hipotermia “debido a la falta de tejido graso y de energía”.
Ramos Rincón destaca que el control de la temperatura se sitúa en el hipotálamo, así que los daños neurológicos que afectan a esa zona pueden desencadenar hipotermia. Sucede con los ictus, el parkinson y la esclerosis múltiple: “En la esclerosis múltiple se produce una anomalía que va parcheada y, si uno de esos parches está cerca del centro que controla la temperatura, puede aparecer la hipotermia”.
Algunos fármacos pueden tener un efecto similar, como añade Paules: “Afectan a esa área del hipotálamo que regula la temperatura”. Es el caso de los antidepresivos, ansiolíticos e hipoglucémicos.

Las afectaciones de los nervios periféricos

Además de las alteraciones cerebrales, las enfermedades de los nervios periféricos pueden causar también hipotermia. Sucede cuando está dañada la médula espinal: “Los parapléjicos pueden tener problemas con la temperatura”. O con la diabetes cuando esta enfermedad impacta en los nervios periféricos: “Estas afectaciones tocan las rutas nerviosas, que no funcionan bien. Se produce el estímulo en el hipotálamo pero no consigue llegar al final”.
Otras situaciones de riesgo son los traumatismos muy graves o las sepsis (infecciones generalizadas): “Los traumatismos que suceden en los accidentes de tráfico, por ejemplo, bajan mucho la temperatura. Es importante poner mantas al paciente para que no pierda calor”.

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