19 abril, 2024
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Signos que pueden predecir una muerte súbita, según un experto en Medicina del Deporte


Cada año se producen en España unas 30.000 muertes súbitas, según datos de la Sociedad Española de Cardiología. Hay diversos tipos de muerte súbita, aunque todas ocurren sin una causa aparente. Tal y como explica a CuídatePlus Miguel Enrique del Valle, presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte y catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, “la muerte súbita es aquella que aparece de forma inesperada por causa natural, no traumática ni violenta”.
La muerte súbita cardiaca “consiste en una parada cardiaca brusca, no traumática e inesperada que se presenta en un periodo de unas 6 horas después de la aparición de los síntomas” y la muerte súbita del deportista “es aquella que acontece durante una competición o entrenamiento o cuando los síntomas que provocan la muerte aparecen durante o en la hora siguiente a la práctica deportiva”.
Esta última es la causa más común de muerte inesperada de un deportista durante una competición o entrenamiento, asegura el experto, “pudiendo afectar a cualquier modalidad deportiva.  Es secundaria a una enfermedad cardíaca, generalmente de etiología congénita (en jóvenes) o secundaria a una arteriosclerosis coronaria en deportistas mayores”.
En muchos casos es difícil sospechar que un deportista tenga riesgo de muerte súbita ya que casi en el 90% de ellas “ocurre en personas que tienen alguna anomalía cardiaca preexistente y que la mayoría no presentan clínica”.

Síntomas previos de una muerte súbita

En personas jóvenes puede producirse sin que aparezcan síntomas premonitorios por lo que existen pocos indicativos que hagan sospechar sospechar del riesgo. “La única forma de detectar a deportistas con riesgo es realizar despistajes con reconocimientos médicos y otras pruebas, aunque son muchas las causas que pueden provocar muerte súbita por lo que es difícil abordarlas todas”, informa el experto en Medicina Deportiva, aunque es cierto que en algunos casos “pueden existir indicadores entre los que hay que tener en cuenta los antecedentes familiares”.
Lo que sí es importante para prevenir, en cierta medida, la muerte súbita es prestar atención a síntomas anómalos. Y es que, tal y como indica el experto, antes de una muerte súbita cardíaca pueden aparecer:
Dolores torácicos (angina de pecho)
 
Síncopes
 
Disnea de esfuerzo (dificultad respiratoria).
 
Palpitaciones
 
Pérdida de consciencia.
 
Hipertensión arterial 
 
Arritmias. 
En ausencia de síntomas habrá que valorar alteraciones en el ECG (problemas de conducción en ramas, bloqueos auricoloventriculares, arritmias, canalopatías, hipertrofia…).
Es muy importante buscar antecedentes familiares (historia familiar de MS o de enfermedad cardiaca) o personales.
También, añade Del Valle, hay que tener en cuenta la edad: “En menores de 35 años se estima que la incidencia anual de muerte súbita es de 1/160.000, en tanto que en mayores de 35 es de 1/18.000/año”.

Enfermedades, deporte de competición y muerte súbita

Es cierto que hay enfermedades que pueden considerarse factores de riesgo para sufrir una muerte súbita y que deberían controlarse o, en algunos casos, incluso ser una causa suficiente para no practicar determinados deportes, sobre todo los más exigentes. Aunque no existen estudios concluyentes de que haya deportes con más o menos predisposición, “está claro que los que más riesgo tienen son los deportes más exigentes, es decir, aquellos en los que se requiere más intensidad o con una larga duración”.
Según sus datos, los deportes más implicados en casos de muerte súbita son “el fútbol, el ciclismo y el atletismo (running), posiblemente por ser los más practicados en España”.
Al margen de esto, también hay que tener en cuenta qué enfermedades cardiovasculares pueden ser factor de riesgo en muerte súbita. Así, tal y como informa Del Valle, en los deportistas jóvenes (menores de 30-35 años), destacan: 
Miocardiopatía hipertrófica (la causa más frecuente de muerte súbita en deportistas según algunas estadísticas)
 
Displasia arritmogénica de ventrículo derecho (muy frecuente en Europa)
 
Origen anómalo de arterias coronarias
 
Prolapso de la válvula mitral
 
Síndrome de Brugada
 
Síndrome de Wolff-Parkinson-White (WPW). 
 
Síndrome de QT largo congénito
 
Síndrome de Marfán 
 
Miocarditis.
La mayoría de estas enfermedades “son genéticas o congénitas y pueden afectar al músculo cardíaco (miocardiopatías) o a la conducción eléctrica del corazón (canalopatías)”, destaca.
En mayores de 30-35 años, las causas más frecuentes de muerte súbita que hay que tener en cuenta son: 
Enfermedad de las arterias coronaria
 
Miocarditis o síndrome de QT largo.
Una muerte súbita también puede aparecer por otras causas no relacionadas con temas cardiacos como “golpe de calor, rotura de un aneurisma o accidentes cerebrovasculares”. Así, informa el experto, “los cambios ambientales extremos (temperatura, altitud, etc.) sumado al estrés que se genera en deportes con elevado componente emocional pueden incrementar la demanda de O2 del miocárdica y el riesgo de muerte súbita en deportistas susceptibles”.

Cuándo hay que prohibir el deporte

En general, tal y como informa Del Valle, “existe un largo listado de enfermedades cardiovasculares cuya existencia supone una contraindicación absoluta para la práctica deportiva”. En algunos casos, comenta, “están permitidos deportes con baja solicitación estática y dinámica y existen patologías cardiopulmonares con contraindicaciones temporales”.
Según el médico deportivo, “en la mayoría de los casos se desaconseja el deporte de competición tras el diagnóstico de un trastorno cardíaco potencialmente capaz de causar muerte súbita”. Eso sí, como apunta, “los criterios actuales para desautorizar la práctica deportiva por riesgo de muerte súbita  tienen en cuenta al deportista y no la enfermedad, por lo que deben de ser individualizados”.
Para ello, se deben valorar “los riesgos y posibles beneficios que implican los entrenamientos y la participación en deportes competitivos, así como las diferentes alternativas de tratamiento” y el deportista y su entorno “deben tener claros los riesgos que conlleva la práctica deportiva en cada caso”.
Está claro que en algunas enfermedades el deportista debe abandonar el deporte profesional, pero en relación con algunas patologías “carecemos de estudios con suficiente calidad que puedan garantizar la seguridad con la práctica de deportes de alta intensidad”. Por tanto, su consejo es “ser prudentes a la hora de permitir la práctica del deporte de competición”.
En cualquier caso, los deportistas con estas patologías “se deben poner en manos de un cardiólogo experto para aplicar el tratamiento oportuno ya que con ello, muchos deportistas pueden regresar al deporte de alto nivel”.
Hay que dejar claro que, independientemente del tratamiento específico en cada caso, “el ejercicio físico no competitivo de intensidad moderada es beneficioso para la mayoría de los pacientes con riesgo de muerte súbita”.

Pruebas que se deben hacer los deportistas

Dado que muchas de las afecciones cardíacas que causan la muerte súbita del deportista no presentan síntomas de advertencia, es muy importante realizar una prevención activa mediante un diagnóstico precoz de patologías cardiacas con riesgo.
Esto implica, sobre todo, “realizar reconocimientos médico-deportivos para la detección temprana de afecciones con riesgo elevado de muerte súbita (cribado cardiovascular)”.
Aunque algunas sociedades médicas consideran que para el despistaje de la este problema puede ser suficiente con un cuestionario como el PAR-Q (Phisical Activity Readdiness Questionnaire), la Sociedad Española de Medicina del Deporte (Semed) o la Sociedad Española de Cardiología consideran que en la prevención de la muerte súbita tiene un papel fundamental el reconocimiento médico deportivo. 
Este reconocimiento, explica Del Valle, “debe incluir, además de antecedentes familiares y personales (historia clínica), una exploración física que incluya una auscultación y un ECG de 12 derivaciones en reposo”. Dependiendo de las circunstancias “habrá que realizar también una prueba de esfuerzo monitorizada y un ecocardiografía. En algunos casos se precisan pruebas especiales como colocar un Holter ECG durante 24 horas o la resonancia magnética cardiaca”.
Como norma general se debería hacer:
En los practicantes de actividad física/deportiva sin antecedentes de MS habría que hacer un reconocimiento médico deportivo con ECG de 12 derivaciones, pero si tienen antecedentes familiares de MS se añadiría una prueba de esfuerzo.
 
En los deportistas federados que ya tienen más exigencias habría que hacer un reconocimiento médico deportivo con ECG y prueba de esfuerzo en mayores de 35 años, así como en menores de 35 años con antecedentes (y se incluiría también un ecocardiograma).
 
En deportistas de alto nivel sería de obligación universal el RM + ECG + Prueba de esfuerzo y recomendable el ecocardiograma.
Como informa Del Valle, “el ecocardiograma aporta una gran sensibilidad detectando algunas alteraciones estructurales cardíacas que pueden pasar desapercibidas con el examen físico y el ECG. Algunas canalopatías presentan ECG normales y para desenmascararlas hay que realizar una prueba de esfuerzo o un test farmacológico”.
No obstante, existen enfermedades que no son evidentes ante estas pruebas o que se presentan de forma aguda después de estos reconocimientos, como son la miocarditis o el infarto agudo de miocardio, y que no podrán ser identificadas.

¿Se puede prevenir la muerte súbita?

Como se ha comentado, es muy complicado detectar y prevenir la muerte súbita, pero no imposible. En la prevención hay que tener en cuenta los siguientes factores:
Identificación de las patologías con riesgo de muerte súbita y su prevención específica en deportistas.
 
Valoración de síntomas de riesgo como pérdida de conocimiento o sensación de mareo inusual, dolor de pecho, palpitaciones, fatiga inusual.
 
Evitar condiciones ambientales de riesgo.
 
Evitar el uso de esteroides anabólicos, hormonas peptídicas y estimulantes que pueden provocar la aparición de cardiopatías adquiridas en deportistas.
 
Enseñanza y difusión de las técnicas de resucitación cardiopulmonar (RCP).
 
Generalización del uso de desfibriladores automáticos (DEA) en centros deportivos y en todo tipo de competiciones.
 
Realizar el reconocimiento cada 2 años se considera suficiente en la mayoría de los casos, aunque en ocasiones (alta competición, cambios en la situación clínica o nuevos síntomas…) haya que aumentar la frecuencia de estos seguimientos.
No debemos olvidar que para evitar la muerte súbita cardiaca “siempre deberíamos disponer de desfibriladores automáticos externos en estadios y centros deportivos donde se realice una actividad deportiva, además de la presencia de personal formado en reanimación cardiopulmonar básica”. 

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