27 febrero, 2024
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claves para que no decaigan en febrero


El final del año, al igual que sucede con el comienzo del curso escolar y la habitual vuelta de vacaciones en septiembre, es un buen momento para reflexionar sobre lo que ha sucedido en los últimos doce meses y trazar la hoja de ruta para los siguientes.
Sin embargo, en muchos casos la mayor parte de los nuevos propósitos “no sobreviven al mes de febrero”, señala el psicólogo Luis Miguel Real porque se formulan desde la confianza excesiva en la fuerza de voluntad, el optimismo generalizado de estos días festivos y los buenos deseos, pero sin una planificación indicada que ayude a su cumplimiento.
En la misma línea se pronuncia la psicóloga clínica Laura Fuster, quien destaca el error de concebir los buenos propósitos como una especie de carta a los Reyes Magos. “No hablamos de cerrar los ojos y pedir un deseo”, sino que requieren un plan.

Primer paso: planificar los propósitos de Año Nuevo

La palabra clave es planificación. En caso contrario es mucho más probable que no logremos esos objetivos que nos marcamos y a la hora de hacer balance y echar la vista atrás sobre lo que ha sido el año es fácil que “nos sintamos frustrados si vemos que año tras año fracasamos en nuestros intentos de cambiar determinados aspectos de nuestras vidas”, explica Real.
“Tenemos que evitar flagelarnos innecesariamente. Es muy probable que ante fracasos reiterados pensemos que somos personas débiles y sin fuerza de voluntad y estos pensamientos son muy peligrosos para nuestra autoestima. Tenemos que evitarlos porque no ayudan y no se ajustan a la realidad”, apunta este psicólogo.

Aprender de los intentos fallidos

Así, Real advierte de que no hay que dejarse llevar por el desánimo a la hora de reconocer los intentos fallidos, sino ver que son una oportunidad para observar lo que ha sucedido y plantear los mismos propósitos pero de un modo diferente.
Como punto de partida es fundamental escoger uno o varios propósitos, pero siempre un número reducido. Si se intentan cambiar muchas cosas a la vez, es más probable que no se alcance el éxito en ninguna. Una vez elegidos los objetivos es conveniente parcelarlos e ir fijando metas intermedias y concretas. “Mejor que decir ‘voy a bajar de peso en general o voy a perder 15 kilos’, lo más indicado es decidir cuánto peso voy a intentar reducir cada semana”, explica Real.
En la misma línea se pronuncia Fuster, quien dice que pensar en realizar ejercicio físico no parece un planteamiento bien diseñado porque resulta demasiado abstracto y abierto. “Sería mucho mejor decirnos ‘a partir del día 2 de enero saldré a correr todos los martes de 8 a 8:30”.

Cómo voy a conseguir los objetivos

Es necesario dedicar un tiempo a pensar “cómo quiero conseguir esos objetivos de una forma realista. No basta con decir voy a ir al gimnasio. Tengo que analizar mis obligaciones semanales, mis huecos libres y ver dónde puedo insertar la nueva actividad”, apunta Real.
Todo ello tiene que ser planificado teniendo en cuenta el estilo de vida previo. “Si ya tengo que madrugar mucho para ir a trabajar y pienso en salir a correr antes de iniciar el trabajo es más probable que no pueda introducir ese nuevo hábito, tengo que pensar bien dónde encaja mejor esa nueva actividad que quiero introducir para implementarla sin que me suponga un esfuerzo tan grande que me lleve a abandonar”, señala este psicólogo.
Quizá para introducir la nueva actividad sea necesario abrir un nuevo hueco en la agenda, es decir, “que tengo que cambiar otras cosas de mi vida. Para llevar una vida más saludable y salir a correr por la mañana antes de ir a trabajar, quizá vea que tengo que acostarme antes y no puedo estar hasta altas horas de la madrugada viendo una serie. Necesitaré sacrificar ocio nocturno”.

Objetivos realistas y sostenibles

Otra pauta es elegir objetivos realistas y sostenibles. “Si nunca he hecho ejercicio físico, no parece adecuado pensar en que voy a ir al gimnasio todos los días. Quizá lo más conveniente es empezar por dos o tres jornadas y cuando he consolidado este hábito ir aumentando la frecuencia si veo que me sienta bien”, indica Real. La clave está en empezar progresivamente e ir aumentando el desafío.
En la misma línea se pronuncia Fuster, que insiste en la conveniencia de ir de menos a más, con una acción concreta y, en principio, pequeña pero que a medida que se va consolidando y convirtiendo en un hábito puede ser ampliada.

Alternativas para no dejar arrastrar por las excusas

Otra recomendación es pensar alternativas por si en algún momento no podemos llevar a cabo el plan. “Por ejemplo, si llueve haré ejercicio en casa o si el martes trabajo hasta tarde saldré a correr el miércoles”, ejemplifica Fuster, quien destaca que es “bueno tener fijados planes opcionales para ser constantes en nuestro objetivo y no utilizar como excusas las pequeñas dificultades que pueden surgir para abandonarlo”. 

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