16 abril, 2024
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Detectar a tiempo una miocardiopatía, esencial para evitar la muerte súbita


“¿No se podría haber sabido antes?”. La situación es la siguiente: un hijo, aparentemente sano, ha fallecido de forma repentina. Muerte súbita. Hace unos meses, su hermano también murió en las mismas circunstancias. Miocardiopatía hereditaria es el diagnóstico del médico forense. Los padres entonces preguntan: “¿No se podría haber sabido antes?”. 
Evitar esta pregunta es uno de los grandes retos a los que se enfrentan los profesionales sanitarios en el abordaje de las miocardiopatías. Todos ellos fueron foco de debate en la presentación del informe “Las miocardiopatías importan”, realizado por BMS en colaboración con Hiris. De acuerdo con el documento, se calcula que entre 5.900 y 12.500 españoles fallecen cada año de muerte súbita atribuible a este grupo heterogéneo de enfermedades. 
“Existe un problema de estudio de la muerte súbita. A veces, la puerta de entrada del diagnóstico es por los médicos forenses. Atendemos a familias que vienen a vernos tras el fallecimiento del segundo miembro. Es algo que hay que resolver desde las asociaciones de pacientes, médicos y políticos”, destaca Pablo García-Pavía, jefe de la Unidad de Cardiopatías Familiares del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda.
Una de las principales consecuencias de las miocardiopatías es la muerte prematura. En este sentido, estas patologías son una de las primeras causas de muerte súbita en menores de 35 años, especialmente cuando se practica actividad física. Por esta razón, los expertos invitados al debate coinciden en que realizar un diagnóstico precoz de estas enfermedades es fundamental, pues el desenlace de muchos pacientes que son asintomáticos puede ser fatal.
Para entenderlo mejor, García-Pavía detalla que las miocardiopatías son un grupo de enfermedades que provoca alteraciones en la estructura del corazón y que no se deben a motivos secundarios. “Cuando no hay causas que provocan daño a nivel del músculo cardiaco, es cuando hablamos de miocardiopatías”, aclara. Sobre las mismas, se distinguen varios tipos, siendo la más prevalente la miocardiopatía hipertrófica (MCH), por la que las paredes del corazón se encuentran excesivamente engrosadas. Se estima que la sufren 97.000 personas en España. El riesgo de muerte súbita cardíaca es elevado en todos los pacientes con MCH, aunque seis de cada 10 casos se presentan entre los 40 y 65 años. 
“De esas 97.000 personas, el 70% padece miocardiopatía hipertrófica obstructiva, lo que conlleva más gravedad”, resalta Roberto Barriales, coordinador de la Unidad de Cardiopatías Familiares del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña. El hecho de que sea obstructiva implica que la disnea o dificultad respiratoria sea aún más frecuente. Según el especialista, “el paciente apenas puede subir un piso porque la obstrucción hace que su corazón no tenga fuerzas para hacerlo. Las arritmias y la muerte súbita son más habituales”. 
Además de la disnea, Barriales apunta otros síntomas propios de la MCH: 
Dolor torácico.
 
Limitación de la actividad habitual. “Esta fatiga puede hacer que el paciente requiera de un trasplante cardiaco”, afirma el experto. En concreto, de acuerdo con el informe, se realizan unos 15 al año.
 
Arritmias, y no solo ventriculares, también auriculares. “Esto hace que el ictus sea muy frecuente en este tipo de pacientes porque se forman trombos con mayor facilidad”, señala.  

Impacto de las miocardiopatías en el Sistema Nacional de Salud 

Los especialistas están de acuerdo: el impacto de las miocardiopatías en el Sistema Nacional de Salud “es tremendo”. “En primer lugar, por las hospitalizaciones que provoca. La principal causa de ingreso hospitalario en mayores de 70 años es la insuficiencia cardiaca, con un pronóstico incluso peor que algunos cánceres”, declara Tomás Ripoll, jefe de Servicio de Cardiología y Coordinador de la Unidad de Cardiopatías Familiares en el Hospital Universitario Son Llatzer. En este sentido, el experto lamenta que las miocardiopatías tengan que compararse con otras enfermedades que sí tienen más repercusión a nivel social.
Por otra parte, los pacientes muchas veces necesitan desfibriladores: alrededor de 690 para los casos de MCH cada año. Ripoll afirma que un tercio de estos se implantan debido a estas enfermedades. En general, resume el cardiólogo, “es un problema tener una miocardiopatía, ya no sólo por la muerte súbita, sino por otros problemas como la insuficiencia cardíaca o la necesidad de tratamientos invasivos”.   
García-Pavía aporta un factor a tener en cuenta: “Estas enfermedades suelen afectar a personas jóvenes. Estamos ante pacientes en etapa laboral en la que tienen que producir para la sociedad. El hecho de que estén limitados y tengan eventos clínicos conlleva un grave perjuicio económico y social”.
Respecto al abordaje de este grupo de afecciones, el cardiólogo especifica que se trata desde varios niveles de atención. “Es cierto que hay unidades especializadas, pero se deben expandir y no estar limitadas sólo a algunos centros. Dada la magnitud del número de pacientes, son totalmente insuficientes para poder atenderlos a todos”, expresa. 
En este punto, explica que son varias las comunidades autónomas en las que no existen unidades especializadas en estas patologías. En estos casos, los pacientes son manejados por cardiólogos generales. “Se trata de un grupo de pacientes más complejo que, al no tener acceso a estas unidades, no están pudiendo beneficiarse del manejo más adecuado”, agrega. Por ello, el experto persevera en la necesidad de un abordaje particular dentro de esta especialidad de cardiología. 

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