19 abril, 2024
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Dolor lumbar: esto es lo mejor que puedes hacer


El 85% de la población en algún momento de su vida va a sufrir dolor lumbar, cuya prevalencia está en topes históricos. Es un problema recurrente y el 20% de la patología lumbar tiende a cronificarse. El gasto sanitario que genera no es baladí; según el Consejo General de Colegios Médicos, asciende a 9.000 millones de euros al año. También hay que tener en cuenta la repercusión social, ya que es el principal motivo de discapacidad en los mayores de 45 años.
“Hoy en día tenemos más conocimiento que nunca pero, sin embargo, no hemos dado con la solución definitiva”, reconoce Fernando Ramos, presidente de la Asociación Española de Fisioterapia (AEF). Seguramente por esta razón no existen respuestas categóricas a dos cuestiones que irremediablemente asaltan las mentes de quienes sufren una dolencia de esta índole: ¿Cuánto tiempo me va a doler? y ¿me pongo en la zona frío o calor?
En primer lugar, Ramos advierte de que la lumbalgia es “un cajón de sastre”, aunque básicamente existen dos tipos: “La más prevalente es la lumbalgia mecánica o dolor lumbar inespecífico, que representa el 98% de los casos, y la lumbalgia que obedece a una lesión estructural severa cuyo dolor justificamos perfectamente, que afecta al 2% restante”.
La lumbalgia mecánica es multicausal, aunque los cinco principales motivos son la inactividad física, el estrés emocional, la falta de sueño o descanso inadecuado, un índice de masa corporal alto y la ansiedad o depresión.

Más de 12 semanas, lumbalgia crónica

Según este fisioterapeuta, su duración en el período agudo es de cinco días y el 70% de las personas se recuperan antes de una semana, el 85% antes de tres semanas y el 93% antes de 12 semanas. “Estas 12 semanas son importantes porque cuando se pasa de ahí, estamos ante una lumbalgia crónica, es decir, esa persona va a días malos y días mejores, muchos va a vivir con dolor”.
Fernando Ramos recomienda pedir ayuda sanitaria si el dolor no se resuelve en dos o tres días, o si es muy incapacitante e intenso, que impida por ejemplo levantarse de la cama: “Es primordial pedir ayuda porque en el período agudo es cuando tenemos más capacidad para influir con el tratamiento de cara a evitar que el problema se perpetúe”.

Actitud conservadora al principio

Jesús Sueiro, médico de atención primaria y vocal de la Junta Directiva de la Asociación Gallega de Medicina Familiar y Comunitaria (Agamfec), concuerda en que lo habitual es que una lumbalgia no dure más allá de tres semanas: “Si se prolonga más tiempo, hay que investigar”. No obstante, asegura que al principio hay que tener una actitud conservadora y saber esperar: “No es necesario hacer pruebas precozmente, ni siquiera una radiografía”. El abordaje adecuado, a su juicio, es tomar medidas físicas: analgesia, ejercicios específicos de espalda y andar: “Caminar es lo mejor para la lumbalgia”.
Todo ello si no existen signos de alarma de un compromiso neurológico, que fundamentalmente consisten en un dolor que irradia a la pierna, alcanzando los dedos del pie o acompañado de una pérdida de fuerza en esta extremidad inferior: “Que no lo puedas levantar”.
Ramos añade que esa pérdida de fuerza y sensibilidad en las piernas requiere siempre una atención sanitaria inmediata e insiste en que el reposo absoluto no es conveniente para superar la lumbalgia: “El reposo es un enemigo de la recuperación, es beneficioso mantenerse funcionalmente activo”.

Una contractura muscular no es una inflamación

En la disyuntiva calor/frío gana el calor. Sueiro explica que generalmente detrás de los cuadros lumbares existe un problema degenerativo y crónico, que se agudiza con una sobrecarga o un sobreesfuerzo: “La mayor parte de los casos se asocia a una contractura muscular, puede haber una inflamación, pero el 90% de las lumbalgias son procesos mecánicos, no inflamatorios, así que va mejor el calor”.
Ramos matiza más la respuesta y la enfoca sobre todo en la tolerancia de los pacientes, que mayoritariamente prefieren el calor: “Los ensayos realizados no son concluyentes y razonan que la terapia va a depender de la tolerancia”. Pero señala que al principio de todo, cuando la lesión es muy aguda, está vinculada a un movimiento brusco lesivo bien identificado y la persona encuentra alivio en el frío, ésta puede ser una buena medida: “Pero si lleva mal el frío, se va a estresar y va a aumentar el espasmo”.
En los cuadros subagudos, pasados dos o tres días, considera que el calor es lo mejor porque reduce el espasmo o contractura y alivia el calor. Es algo además que el paciente pude utilizar sin restricciones. “El calor aumenta el flujo sanguíneo y concentra más sangre en la zona, hace que el músculo se recupere del espasmo, eliminando sustancias que perpetúan el dolor y mejorando la elasticidad del tejido conectivo (las fascias)”, explica el experto.

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