16 abril, 2024
El tiempo - Tutiempo.net

El 75% de alérgicos a la penicilina no lo serían, según un nuevo estudio


Si desde hace años tienes un diagnóstico de alergia a la penicilina es posible que no sea correcto.  Y es que, el 75% de pacientes etiquetados como alérgicos a los antibióticos betalactámicos o penicilinas son falsos positivos. Así lo señala un estudio realizado por un grupo clínico encabezado por Gustavo Molina, especialista del Servicio de Alergología del Hospital Universitario de Bellvitge (HUB) en el que se han analizado 249 casos de alérgicos a estos medicamentos. Del total de pacientes examinados, en 186 casos (el 74,3% del total) se ha retirado la etiqueta después del estudio alergológico. En el análisis, que reafirma los resultados de investigaciones similares, han participado especialistas en Alergología, Farmacología Clínica y Farmacia de los hospitales públicos del ICS. La edad media de los pacientes del estudio multicéntrico ha sido de 55.8 años. 
 Las razones de que esto ocurra son muchas, según explica a CuídatePlus, Molina. “Consideramos que es un problema multifactorial”. Entre las causas principales estarían: “la falta de formación de los especialistas que evalúan las reacciones en el momento agudo, un sistema de etiquetado poco preciso, el sesgo de recuerdo de los propios pacientes, la falta de estandarización en el etiquetado así como la tendencia que había hace años a evitar los antibióticos betalactámicos ante la sospecha de alergia en lugar de enviarlos a realizarse un estudio especializado”, explica en detalle. Actualmente, ante estas etiquetas se suele enviar al paciente a valoración por el especialista.

¿Qué puede ocurrir si crees que eres alérgico pero no lo eres?

“Las falsas etiquetas de alergia a penicilinas y otros betalactámicos no son un asunto menor, se trata de un problema de salud propia y pública”, apunta Gustavo Molina. El sobrediagnóstico de alergias a medicamentos tiene diversas consecuencias graves como el uso de alternativas terapéuticas más dañinas, más caras y menos eficaces, el incremento de infecciones de heridas quirúrgicas o el aumento del tiempo de hospitalización. Asimismo, también propicia el crecimiento de la resistencia a antibióticos, en un contexto global de aumento de las bacterias multirresistentes, que supone una amenaza cada vez mayor para la salud pública mundial.
Ser un “falso alérgico” a este medicamento en concreto es importante por su uso extendido en la práctica clínica habitual. Y es que los antibióticos betalactámicos “se usan para el tratamiento de patologías infecciosas muy frecuentes”. A modo de ejemplo, “son de uso común en infecciones respiratorias, urinarias, cutáneas entre otras”, señala el experto.
Entonces ¿qué se puede hacer? Tal y como explica Molina, “una vez que un paciente tiene una etiqueta de alergia a la penicilina, es necesario valorar en primer lugar el episodio que padeció y si hay un estudio reglado realizado por especialistas en alergia que la sustenten”.
Para aquellos pacientes etiquetados de alergia a la penicilina que nunca han sido estudiados, “habrá que valorar la realización del estudio alergológico de forma individualizada”.

¿En qué consistirá la prueba de verificación?

El estudio de alergia a penicilinas, describe el experto, “consiste en primer lugar en una visita por el especialista, el alergólogo en este caso”
En esa visita, según la historia clínica del paciente y teniendo en cuenta su situación personal médica “se valorará el riesgo de ser realmente alérgico antes de realizar cualquier otra prueba complementaria. Una adecuada valoración previa es la base del diagnóstico y la seguridad de los pacientes”. No se realizan pruebas complementarias “sin una visita donde se tengan en cuenta estos aspectos”.
Posteriormente, según los datos recabados en la historia clínica, puede plantearse la realización de pruebas cutáneas.
Estas pruebas “consisten en la aplicación de pequeñas gotas de los antibióticos betalactámicos en el antebrazo, donde posteriormente se realiza una pequeña punción para que el antibiótico entre en contacto con las células de la epidermis. En caso de negatividad se plantea una punción más profunda para poner en contacto el fármaco con las células de las capas inferiores de la epidermis”. Se realiza una lectura a los 20 minutos y se valora la positividad o negatividad.
En algunos casos, puede llevarse a cabo una determinación analítica “para ayudar al diagnóstico o descarte de la alergia a penicilinas”. És una prueba más limitada ya que sólo se puede determinar para unos pocos antibióticos de esta familia.
Con los resultados de las pruebas mencionadas, el último paso a valorar es la prueba de exposición controlada.
Esta prueba “consiste en la exposición controlada a la penicilina sospechosa de haber producido la reacción original o bien un alternativo en caso de que los estudios previos indican una posibilidad clara a una única penicilina”.
Este último procedimiento “es el de más riesgo para el paciente, donde pueden aparecer reacciones de hipersensibilidad que imiten a las originales o bien puedan ser más leves o más graves. Por este motivo, no deben tomarse a la ligera”.
Así, concluye, “deben llevarse a cabo en un entorno de seguridad y ser realizadas por personal entrenado en la identificación y tratamiento de estas reacciones pues potencialmente pueden poner en riesgo la vida”.
 

Fuente

Comparte esta noticia:

Otras noticias:

Noticias relacionadas