26 mayo, 2024

Las emociones durante el cáncer, ¿cómo lidiar con el miedo o la tristeza?


“Que no se me vaya la cabeza”. Esa fue la respuesta de Ignacio. Le habían detectado cáncer de próstata con 53 años, de alto riesgo y no operable. Una noticia que lleva al shock, al impacto, a la incertidumbre, al miedo, al “¿por qué a mí?”. “¿Qué necesitas de nosotros?”, preguntaron desde la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). “Que no se me vaya la cabeza”. 
A pesar de que llevaba un seguimiento médico desde hacía tres años porque su hermano sufrió el mismo tumor, la conmoción al recibir el diagnóstico fue inevitable. “Me decían que tenía pinta de prostatitis benigna, no de cáncer. Cuando me explicaron que se trataba de esta lesión, el impacto fue muy fuerte”, cuenta. Ignacio recuerda que fue peor el momento en el que le comunicaron que el tumor se había salido de la próstata y provocado metástasis, por lo que no se podía operar. La forma de tratar la enfermedad, por tanto, era la radioterapia. Un proceso que, en palabras suyas, “hay que afrontar con todo rigor y conocimiento”. 
Una montaña rusa de emociones para la que hay que estar preparado. “Al principio, no había valorado la ayuda psicológica, pero es verdad que los especialistas, tanto la oncóloga como los médicos de cabecera, y una amiga que fue clave, me lo sugirieron. Ponerme en manos de un especialista me sirvió muchísimo, estuvo totalmente justificado”, asegura. 
Tristeza, enfado, ansiedad… Es importante comprender esta mezcla de sentimientos que van a acompañar al paciente oncológico durante el transcurso de la enfermedad. “Las emociones básicas son las respuestas que tiene nuestro organismo ante aquello que experimentamos y vivimos en nuestra vida. Forman parte de nuestro sistema de defensa. Son innatas a nosotros, no podemos elegirlas, ni tampoco evitarlas”, define Ana Monroy, técnico de Atención Psicológica de la AECC, quien agrega que no podemos clasificar las emociones en positivas o negativas, puesto que, aunque algunas son más agradables de experimentar que otras, “todas son necesarias y adaptativas”. 
En este sentido, la experta hace referencia a la necesidad de “identificarlas y escucharlas para poder estar conectados con lo que nos está ocurriendo y dirigir nuestra conducta en sintonía con lo que vivimos, buscando siempre manejar y regular su intensidad, duración y frecuencia porque, como decíamos, no vamos a poder eliminarlas”. 

Cómo gestionar las emociones durante el cáncer

Sufrir cáncer cambia la vida. Y saber que ya nada será como antes da miedo, “lo extraño sería no experimentarlo ante un acontecimiento vital así, donde nuestro sistema de salud está en riesgo y no sabemos qué ocurrirá en el futuro. Cómo no vamos a sentir tristeza”, declara Monroy.
En este punto, ¿qué aporta el apoyo psicológico? Ignacio lo resume en tres claves. La primera ya rondaba por su cabeza los primeros días desde que recibió el diagnóstico. “Yo no fumo ni bebo, soy deportista, llevo una vida bastante sana. Me preguntaba por qué me había pasado esto a mí, como si tuviera que estar exento del cáncer y lo tuvieran que sufrir otros”, expresa. La respuesta a esta pregunta es que no hay respuesta, conclusión “que me ayudó mucho. Estaba gastando energías en algo que no tenía explicación”. 
El segundo concepto al que alude es el hecho de ir paso a paso: “Yo venía de un trabajo en el que estaba en un puesto de planificación. Tenía que estar analizando el presente para aplicar al futuro. Mi cabeza siempre daba vueltas sobre qué me iba a encontrar cuando saliera de esta”. Por ello, continúa, “la psicóloga trabajó mucho conmigo en hacerme ver que yo estaba planteando todo el proceso en términos de oportunidades, es decir, en que el cáncer simplemente era un parón del que iba a salir bien. Fue muy clara: a lo mejor no hay una segunda oportunidad. No tenía sentido que proyectara a futuro algo que no había resuelto en el presente. De ahí la necesidad de ir paso a paso”. 
En tercer lugar, y para Ignacio no menos importante, fue el ajuste funcional que tuvo que enfrentar. “Utilizaron ese término para decirme que no iba a poder seguir la vida que llevaba antes. En el ámbito laboral tenía que hacer un ajuste porque iba a ser imposible continuar con el mismo ritmo. Tenía que dar un paso atrás y presentar mi dimisión”, relata. Todo ello conllevó a un sentimiento de rabia que tuvo que gestionar porque lo que nunca se había imaginado era tener que abandonar el trabajo por decisión propia. 
Monroy insiste en que resulta esencial “poder transitar por este complejo proceso de la manera más adaptativa y ajustada posible. Lo primero que necesitamos es identificar las emociones y sensaciones. Ser conscientes y normalizarlas. Poder decidir cuándo, cómo y con quién queremos y nos apetece compartir cómo nos sentimos”. 
Acerca de la necesidad de estar acompañado es algo a lo que se refiere también Guillermo Fouce, psicólogo y presidente de la Fundación de Psicología sin Fronteras. “Es cierto que tiene que ser decisión del paciente, pero siempre sugerimos que es bueno que no lleve el proceso solo, sino que busque el apoyo social”, destaca el experto, quien recomienda que el entorno cercano debe escuchar, adaptarse a las reacciones de la persona con cáncer y tratar de no esconder las demandas que esta puede hacer, muchas de ellas de información para reducir la incertidumbre. 

La realidad del cáncer, un tema tabú que hay que visibilizar

“Hay que aprender a decirlo: tengo cáncer y soy paciente oncológico”, subraya Ignacio. Reconoce que, a pesar de que no es fácil, es un ejercicio necesario: “Lo primero que hice fue atreverme a pronunciar la palabra en mí mismo”. El paciente lamenta que esta enfermedad sea todavía un tema del que cueste hablar, especialmente sobre aquellos que afectan al hombre, como el de próstata o testículos. 
“El cáncer masculino no está visibilizado. Cuando lo comenté en el trabajo, me sorprendió el número de compañeros que me llamaron para decirme que habían sido pacientes de cáncer y no lo habían comentado con nadie. No es cuestión de que se comente o no, sino de que se visibilice. Se trata de una realidad que está entre nosotros y de lo importante que es conocerla para prevenir”, aclara. 
Son muchos los aspectos que contribuyen de alguna forma a enmascarar el verdadero rostro de esta enfermedad. Uno de ellos es el desconocimiento del entorno cercano sobre cómo tratar a un paciente oncológico. “Los familiares y los amigos te transmiten deseos. Esa emoción que te trasladan lleva a la generación de unas expectativas muy positivas, pero que no es la realidad”. 
Ignacio explica que se vio envuelto “en un montón de emociones positivas que llegan desde el cariño, pero que hacen escapar de la realidad, que es la que van a dar los profesionales, tanto el médico como el psicólogo”. Fueron ellos quienes le aclararon que, a pesar de que estaba bien que recibiera ese apoyo, era conveniente escuchar también a quienes sabían del proceso evolutivo de su tumor, que son los expertos. Esto era importante para contrarrestar la ola esperanzadora de mensajes. 
Y, ¿qué hay acerca de la información que recibe el paciente por parte de su médico? ¿Debe saberlo todo? ¿Es preferible ocultar parte de la verdad? Fouce contesta que hay que informar hasta donde quiera el paciente. “Cada persona es un mundo y habrá gente que quiera saber. El médico tendrá que ir contestando a lo que el paciente reclama porque el dueño de la información es él”, manifiesta el experto, quien recuerda que las reacciones ante el diagnóstico son muy distintas: “Hay personas que se quedan paradas y no son capaces siquiera de hablar. Algunas chillan y actúan con cierta agresividad, otras se echan la culpa. No sabemos en qué orden se van a producir muchas de estas emociones, pero al final se trata de un organismo, un ser humano que está intentando adaptarse a lo que es una especie de bomba que le ha caído”. 
Monroy indica que ante la más mínima duda, lo mejor es pedir ayuda, ir al psicólogo. “Es importante poder acudir a una consulta en el momento en que se siente que las estrategias que habitualmente se han utilizado para funcionar en el día a día no están sirviendo como lo hacían antes. Ante escenarios donde el sufrimiento emocional está presente y se necesita un soporte, acompañamiento y nuevas herramientas para la regulación emocional y resolución de situaciones difíciles”, subraya. Así, controlar la emoción es, como apunta Ignacio, la única forma para “que no se te vaya la cabeza”.

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