16 abril, 2024
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por qué la hipotermia salvó la vida de Nando Parrado


No queda rincón en el que no haya salido el tema. El bar, la oficina, el súper… todos hablan de lo mismo: La Sociedad de la Nieve. La película sobre el accidente aéreo de los Andes de 1972 está en boca de todos. Esta gran hazaña humana sigue conmoviendo 50 años después y, más allá de la admirable capacidad de supervivencia del ser humano que ha conseguido retratar Bayona, el film esconde numerosas curiosidades médicas. De entre todas ellas, hay una que ha llamado especialmente la atención: cómo Nando Parrado, uno de los supervivientes, logró despertar del coma de cuatro días y medio en el que quedó tras estrellarse el avión. 
Es más, no sólo volvió a abrir los ojos, sino que fue una de las personas que caminó 10 días entre las montañas hasta encontrar ayuda y rescatar a sus compañeros. Para entender lo que muchos creerían un milagro, hay que considerar varias circunstancias, ya analizadas en un estudio publicado en The Lancet Neurology en 2009. El mismo apuntó dos factores que salvaron la vida a Nando: la hipotermia y la deshidratación. Con la caída del avión, el hombre sufrió una fractura craneal que provocó que el cerebro se inflamara (edema cerebral). 
Al quedar en coma, el resto de supervivientes lo dieron por muerto, por lo que lo colocaron en la entrada del fuselaje del avión, quedando expuesto al frío. Además, durante estos días el joven de 19 años tampoco comió ni bebió. Esto permitió que, por la deshidratación, el edema no creciera. La fractura hizo que la lesión se extendiera y se descomprimiera sola. Y, por último, la baja temperatura fue la responsable de que las neuronas dañadas por el golpe sobrevivieran. 
De entre estas causas, vamos a centrarnos en la última: la hipotermia, que, hoy en día se utiliza en medicina para, sobre todo, reducir el riesgo de inflamación cerebral tras un infarto. “La hipotermia terapéutica es el control activo de la temperatura, con el que se demostró hace 20 años que, ante una parada cardiaca, los pacientes tenían mejor pronóstico neurológico y menor mortalidad”, explica Daniel Paz Martín, especialista en Anestesia y Cuidados Intensivos en la Clínica Universidad de Navarra (CUN)
El experto indica que, dentro de las medidas de control activo de temperatura, hay que diferenciar dos tipos. “Podemos intentar una hipotermia terapéutica para tener al paciente entre los 33 y los 36 grados o entre los 36 y 37. Cuando un paciente sufre, por ejemplo, un traumatismo como el que le ocurrió al superviviente de los Andes, se genera una respuesta inflamatoria sistémica que produce hipertermia, fiebre”, detalla.
En este contexto, prosigue el experto, se intenta rebajar la temperatura entre los 33 y 36 grados. “Si nosotros podemos controlar esa fiebre y prevenir la hipertermia, se lograrían efectos neurológicos protectores”, añade Paz, quien agrega que esto es interesante porque durante muchos años se creyó que el enfriamiento disminuía la tasa metabólica cerebral. Sin embargo, “se ha visto que incluso descensos pequeños de la temperatura de uno o dos grados no tienen efecto en el metabolismo cerebral, pero sí beneficios a nivel neurológico”.

¿Cómo se aplica la hipotermia terapéutica?

A la hora de aplicar la hipotermia terapéutica, se distingue una fase de enfriamiento, otra de mantenimiento que dura más o menos 24 horas y una tercera de recalentamiento. Acerca de la fase de enfriamiento, Paz distingue tres métodos:
Enfriamiento de superficie, bien con la aplicación de hielos en las axilas o en las ingles, o bien con mantas térmicas que enfrían al paciente.
 
Dispositivos endovasculares. “Es una especie de catéter que se mete en la vena femoral o en la yugular y que enfría la sangre del paciente”, comenta Paz.
  
Infusión de líquidos intravenosos que consiguen un descenso de la temperatura. 

Efectos secundarios de la hipotermia terapéutica

La hipotermia terapéutica puede afectar significativamente al estado de volemia (volumen total de sangre de un individuo) del paciente. “Así como el enfriamiento produce vasoconstricción, cuando luego recalentar se genera una vasodilatación. Eso al final puede causar cambios hemodinámicos (movimiento de la sangre en el sistema vascular)”, apunta el anestesista de la CUN.
Además, el especialista señala que es posible que la hipotermia disminuya el número de plaquetas, con lo que aumentaría un poco el riesgo de sangrado. Aún así, Paz aclara: “Los beneficios de la hipotermia terapéutica con la evidencia actual superan los riesgos, teniendo en cuenta que llevamos un control muy estricto con el que tenemos monitorizada la temperatura central a través de termómetros que introducimos en el esófago o de dispositivos colocados en la arteria femoral”. 

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